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Año 9 No. 2015 Viernes 8 de Febrero del 2008


Zonas francas y empleo

Por Hamlett
info@trinchera.com.ni

No se puede tapar el sol con un dedo. Aunque entendemos el papel del general retirado Álvaro Baltodano, cabeza de la secretaría reguladora de zonas francas, calmando los anuncios sobre despidos masivos en las plantas industriales, no es menos cierto que hay problemas graves y un panorama oscuro para este sector.

No es la debacle aún pero los reclamos deben ser atendidos antes de que sean el tiro de gracia para la única actividad que produce empleos masivos rápidamente –con la excepción de las labores agrícolas-, proveedora de 83 mil empleos y que está sujeta a los vaivenes de la economía mundial.

La asociación de empresarios privados de zonas francas, así como el COSEP, han advertido al gobierno que no puede “matar” a los trabajadores y a los inversionistas empujando a ultranza medidas sociales, tratando de cumplir sus promesas electorales en otro año electoral, sin un análisis real de la economía.

Luego de cinco años desastrosos en el campo de la inversión industrial, energética y de empleo, de incrementos sostenidos en los costos empresariales, de incertidumbre en el campo político y de una acumulada deuda social la nación requiere de discutir a fondo su rumbo inmediato y de futuro.

Hay un diálogo de sordos entre el Ejecutivo y los empresarios. De un lado, la administración impulsa aumentos salariales que son rechazados por los empresarios, no por injustos si no por inviables, y del otro la recesión de la economía de Estados Unidos apunta, en primer lugar, a una disminución del consumo interno de aquel país sinónimo de menos contratos para las zonas francas.

Todos necesitan soluciones

Los sindicatos tienen razón de reclamar soluciones a la grave situación de los trabajadores. La mayoría no tiene para comprar la canasta básica, ni siquiera para cumplir con las necesidades mínimas de sus hijos. Los precios se disparan a diario en los centros de expendio, mientras el MIFIC luce desbordado, inactivo, actuando con tanta o más liberalidad -¿o lenidad?- que cualquier otro gobierno del pasado.

Es un callejón sin salida. Resolver los reclamos laborales arriesgando el cierre o reducción de las empresas parece “conveniente” para el gobierno rojinegro pero no para la nación. Mejorar la competividad del país a costa del sudor de los trabajadores tampoco es la solución.

Por esta vía sólo se está estimulando el enfrentamiento obrero-patronal y calentando las pasiones de los grupos radicalistas. Debemos diferenciar entre los empresarios nacionales que viven aquí y apuestan todo a su país y los que pueden alzar vuelo en cualquier momento. Los empresarios extranjeros de zonas francas tienen las puertas abiertas en países como Vietnam, China o Tailandia, mucho más competitivos que Nicaragua, con menos problemas laborales, culturales y gubernamentales.

No es cierto que somos un paraíso para estas inversiones. Honduras y México tienen mejores condiciones que el nuestro. Pueden escoger a dónde emigrar. Por tanto, las autoridades deben estar muy atentas para retener a estos empresarios cuyo fin es hacer ganancias pero que llenan una necesidad: generar empleo.

La sordera

Y este es apenas un caso que ejemplifica la sordera del gobierno con algunos de los problemas de fondo del país. Hace unos días comentamos sobre las grandes oportunidades que se presentan a los agricultores y ganaderos con el desabastecimiento mundial de alimentos, sobre todo de granos básicos, y en concreto la crisis venezolana.

¿Qué ha hecho el gobierno al respecto? Nada en términos prácticos. La única “señal” de que están interesados en estos temas es que los CPC andan visitando las fincas productoras de alimentos diciéndoles que están en capacidad de comprarles toda su cosecha. ¿Para quién comprarán la producción? Obviamente para Venezuela, no para los nicaragüenses. ¿De dónde sale el dinero que andan en las manos y cómo se administra? Tampoco lo sabemos. ¿Es del estado? Si es así sería un delito grave.

Desde la acera del cinismo podríamos decir que después de todo estamos en un estado de libre mercado y los CPC –aún sin personería jurídica ni registro comercial- pueden ser comerciantes y hasta especuladores. Aparte de este peligroso síntoma no hemos visto al presidente de la república discutiendo con los empresarios, con todos y no sólo los afiliados al FSLN, los programas de crédito, el papel del estado y la flexibilización de la burocracia para aprovechar este momento o cómo apoyar al pequeño y mediano productor en el tema de los precios.

Apoyar a los que crecen

Ni modo para los que vivimos en Managua, pero ya era hora de que los sembradores de frijol cobren bien por su quintal, que los lecheros reciban C$6.50 ó C$7.00 córdobas por su litro o que los cultivadores de zuccini y pepino del norte puedan vender su cosecha al exterior en dólares.

Más producción es combatir la pobreza. Ayudar al campesino, pequeño o mediano productor es sacarlos de la miseria, facilitarles su capacitación o educación formal es cumplir nuestros compromisos internacionales.

Y en tiempos díficiles, cuando los nubarrones se levantan en el horizonte, sólo queda un camino para hacer bien las cosas: el diálogo y el entendimiento entre todos. Para eso se requiere de liderazgo y de mucha voluntad política.

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