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Año 9 No. 2016 Luines 11 de Febrero del 2008



¿Deben los liberales tener un plan B?

Por Hamlett
info@trinchera.com.ni

No tenemos que entender las razones por las cuales Eduardo Montealegre no decide aún aceptar la candidatura para la alcaldía de Managua. La semana pasada hice un análisis del comportamiento individual y político del flamante “líder de la oposición”, como le llama un sector de la prensa.

Lo que debemos saber es que Montealegre no va a cambiar. Y un día dirá si, al otro no, y lo más seguro es que… quién sabe. Y con una persona a la que falta responsabilidad y sentido del riesgo, que no dará un paso si no tiene el 110 por ciento de seguridad de que le irá bien, pues siempre hay que contar con un Plan B.

Todos vamos a coincidir que un liberalismo unido y reforzado con el Partido Conservador, la Resistencia Nicaragüense y muchos otros aliados será imbatible en las elecciones de noviembre próximo.

Y si esta alianza, necesaria y obligada, escoge a buenos candidatos a alcaldes, vicealcaldes y concejales, la paliza será mayor. No hay que ser sahurín o émulo de Nostradamus para entender que el techo electoral de los liberales ha superado el 50% en las elecciones nacionales y el 45% en las municipales. Los sandinistas, en su mejor desempeño en el año 2001 llegaron al 42%.

Urge reparar el puente roto

Y ese caudal está intacto según los comicios del 2006. Entre ALN y PLC superaron 50% con facilidad. Y el fenómeno es sencillo: la división. Quien no quiera entender que ese es el puente más importante a reparar en este proceso electoral no sólo está equivocado sino que es enemigo de las fuerzas democráticas. No hay objetivo más importante a superar antes de noviembre próximo.

Aún así el cáncer de la división está latente y las trampas al proceso son cada día más duras y complejas. Veamos un ejemplo concreto: la amninstía. ¿Hace cuánto dijo el ex presidente Arnoldo Alemán que toda esta cacería, desatada por Enrique Bolaños, terminaría en el retorno del sandinismo al poder? Hace más de siete años cuando tuvo las primeras noticias de que un coctel de improvisadores irresponsables decidieron cambiar de rumbo a la política criolla.

¿Hace cuánto le dijo el ex presidente Alemán a Eduardo Montealegre y a toda su gente que ellos seguían en el turno, que el camino ya recorrido por él estaba por ser comenzado por ellos? Hace tres años.

Y desde entonces les dijo que la solución era la amnistía. Ellos se opusieron y montaron una feroz y costosa campaña para enterrar a Alemán, quien vio llegar su salida con el nuevo Código Penal en donde está clarísimo que lo condenaron por un delito que no existía para él, el lavado de dinero porque entonces, hace seis años estaba vinculado a la narcoactividad. También en ese momento le echaron bola negra.

Ese camino, que está pegado en la pared como un mural de Rivera, se la van a aplicar a Montealegre, a su familia, y a todos los que han estado ligados a él en el tema de los Cenis y las operaciones posteriores.

No lo van a meter preso para no martirizarlo, pero le van a meter un cobro por la vía civil por daños al patrimonio del estado por $20 millones de dólares, suficiente para sacarlo de la competencia.

Quieren atraparlo

La movida del FSLN es que no corra para la Alcaldía de Managua, pero van a darle la cuerda suficiente para que llegue semi intacto al 2011 con el fin de que vuelva a ser el factor divisor de la democracia.

De allí que el PLC, como el motor de la unidad, debe tener preparado un Plan B y un Plan C, si hace falta, para encarar, primero, que Montealegre rechace la candidatura que él mismo pidió fuese incluida en el acuerdo PLC-ALN, segundo, por si este grupo decide romper el documento y seguir haciendo tienda aparte, o sea fracturando a las fuerzas antisandinistas.

Los liberales deben discutir tener listo a su candidato emergente. Debe ser un demócrata, no necesariamente liberal, confiable, de buena proyección nacional, amante de la unidad, limpio, dispuesto a vencer a los sandinistas y capaz de arrastrar el voto popular.

En el PLC hay muchos que reúnen esas características, también los hay en el Partido Conservador y en otros partidos, pero esta vez, si Montealegre no acepta, debe pensarse muy bien en el electorado, en ese pueblo que está ansioso de ver unidos a los antisandinistas.

La tarea no es fácil después de una labor como la de Nicho Marenco en la Alcaldía. Por eso hay que subirle la parada al sandinismo en Managua que parece está recapacitando y descartando la candidatura de Alexis Argüello.

Prepararse lo mejor posible

El Plan C debe ser la unidad con el PC, los lilas, el grupo ALN de Yamilet Bonilla y el de Eliseo Núñez, halar con inteligencia y capacidad inclusiva, a todos los que no quieren nada con Eduardo Montealegre y el sector duro de los conservadores que lo apoyan.

Ellos, metidos en su concha, no harán nada por si solos. Deben entender que solamente unidos pueden ganar las elecciones. Si no, al PLC y sus aliados les tocará la tarea de rescatar a Nicaragua.

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