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Año 9 No. 2016 Luines 11 de Febrero del 2008



El régimen cambiario actual no es inflacionario pero no promueve las exportaciones

Por Néstor Avendaño

Febrero 2008

Con la asesoría de Stanley Fisher, en ese momento subdirector del FMI, y Vitorio Corbo, en ese momento Director del Departamento de Ajuste Mundial del Banco Mundial, el 10 de enero de 1993 el gobierno de Nicaragua, presidido por la Sra. Violeta Barrios vda. de Chamorro adoptó el régimen de tipo de cambio deslizante, con una tasa anual de deslizamiento del 5%, la cual elevó a 12% el 10 de noviembre de ese mismo año.

Luego, en un día de fiesta política nacional, el 11 de julio de 1999, sin ningún asidero económico, el gobierno del Dr. Arnoldo Alemán redujo la tasa anual de deslizamiento del tipo de cambio a 9% y el 1 de noviembre de ese mismo año volvió a reducirla hasta 6%.

Después, el gobierno del Ing. Enrique Bolaños disminuyó dicha tasa de deslizamiento a 5% a partir del 1 de enero de 2004, la cual se mantiene hasta la fecha actual, por lo cual hoy viernes 8 de febrero el tipo de cambio oficial rompió la barrera de 19 córdobas por 1 dólar estadounidense.

Ahora, el gobierno del Sr. Daniel Ortega pretende, según su programa económico, mantener esa tasa de 5% hasta el 31 de diciembre de 2010.

El régimen de tipo de cambio deslizante de Nicaragua no es inflacionario, porque con una devaluación nominal de 5% y una tasa de importaciones (o sea, la relación importaciones/PIB) de 60%, a simple vista la contribución de la devaluación nominal a la inflación anual es de 3 puntos porcentuales.

Lo que dinamiza y exacerba la tasa de inflación resultante de la devaluación son los diversos mecanismos de indexación de precios en córdobas con respecto al valor de la divisa estadounidense, un problema estructural que se dejó en el mercado cambiario al eliminarse la hiperinflación en abril de 1991, cuando el gobierno de ese entonces estableció la cláusula de mantenimiento de valor, con el propósito de “fortalecer la confianza del público en mantener sus depósitos en las instituciones financieras locales”.

Sin embargo, esta política cambiaria “deslizante” no promueve el esfuerzo doméstico exportador (los ingresos reales de los exportadores se deterioran) y hace más rentable los negocios de importación del país, porque el tipo de cambio real (en precios constantes de 1994) prácticamente permanece inalterable y en los últimos años se deteriora porque la inflación del mercado local de Nicaragua supera el total de la suma de la tasa de devaluación nominal del córdoba y la tasa de inflación internacional.

En conclusión, el régimen cambiario actual, que es de corto plazo, se ha mantenido desde hace 15 años, y no sirve para diversificar y aumentar las exportaciones domésticas del país, y por lo cual no se puede avanzar en la reducción del déficit comercial (exportaciones FOB menos importaciones CIF) del país con el exterior, cuya proporción respecto al Producto Interno Bruto se ha elevado de 26% en 2001 a 35% del PIB en 2007.

El pensamiento cambiario fondomonetarista es universalizar el tipo de cambio flotante, incluso en forma estrictamente ortodoxa como lo pretendieron hacer después de la última crisis económica de Argentina, o sea que el tipo de cambio lo establezca la oferta y la demanda de dólares en el mercado; pero siempre habrá intervención de la banca central para administrar un tipo de cambio flotante y evitar las especulaciones cambiarias.

Ayer el presidente del Banco Central de Nicaragua afirmó que el FMI y un equipo técnico (?) realizará los estudios para definir la viabilidad de ajustar el deslizamiento del tipo de cambio. Aumentar o disminuir la tasa de deslizamiento, o sea devaluar el córdoba, no sirve para reducir la subvaloración del dólar o reducir la sobrevaloración del córdoba y, así, fortalecer el esfuerzo exportador del país, si antes no se eliminan todos los mecanismos de indexación de los precios en córdobas con respecto al precio del dólar estadounidense, por ejemplo la cláusula de mantenimiento de valor en el sistema financiero nacional, los precios de los combustibles y de los bienes raíces, los salarios de los altos cargos del sector público, entre otros.

El gobierno del Sr. Daniel Ortega se estaría enfrentando a un dilema si desea apoyar efectivamente el aumento del volumen de las exportaciones por la vía cambiaria: recordobizar la economía u oficializar la dolarización de la economía. Ambas alternativas exigen, en el mismo orden, depreciar el córdoba o apreciar el dólar estadounidense, o sea reducir la sobrevaloración del córdoba o reducir la subvaloración del dólar estadounidense en el mercado local.

Además, cualquier intento de establecer un tipo de cambio flotante en Nicaragua, como lo ha tratado de implantar el FMI en Nicaragua desde el 19 de agosto de 1999, demanda otros dos ajustes que no son posibles en el corto plazo en el país: primero, disminuir al máximo la tasa de crecimiento de la base monetaria (prácticamente el saldo total de la emisión de dinero) debido a la presencia de un alto déficit fiscal, cercano al 5% del PIB; segundo, aumentar al máximo la tasa de crecimiento de las reservas internacionales netas ajustadas de la banca central, que se han construido con endeudamiento público externo e interno, así como con las condonaciones de la deuda externa, especialmente la contratada con el FMI hasta diciembre de 2004.

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