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| Año 9 No. 2017 Martes 12 de Febrero del 2008 | |||||||||||||
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Lo que no entiendo es ¿qué estamos haciendo en este asunto? ¿Por qué manoseamos nuestra soberanía e independencia metiendo un tema tan importante y sensible como son nuestros derechos territoriales en el Mar Caribe en el problema de dos vecinos sudamericanos? El gobierno y la cancillería deben sacar de inmediato este tema -la demanda ante la Corte Internacional de Justicia de Holanda- de la espiral de ataques verbales y tensiones causadas por el presidente Hugo Chávez. Coincidimos que Colombia es una talasocracia que durante años ha impuesto su poderío militar en el Caribe, a costa de nuestros territorios, mar patrimonial y derechos legítimos en el mar. Pero, es una peligrosa movida para Nicaragua exigir el retiro de Colombia del meridiano 82, desde una acera del conflicto venezolano-colombiano, agraviado por el congelamiento de miles de millones de dólares de PDVSA y ahora la amenaza de Chávez Frías de que suspenderá las ventas de petróleo a Estados Unidos. No se trata, como dijo el presidente Ortega de que “Colombia quiere que nos callemos para no reivindicar nuestros territorios en el Mar Caribe, pero vamos a seguir reclamando lo que la Corte de La Haya dice que es nuestro”. Ese es el camino correcto, nuestro reclamo debe ventilarse en Europa y no en Caracas o Quito. EEUU no abandonará a Colombia Desde los años 80, el país ha venido deshaciendo el golpe que Estados Unidos y Colombia nos dieron con el tratado Bárcenas-Meneses Esguerra, primero denunciándolo y 25 años después ganando una importante batalla en La Haya. Vamos por buen camino y puede ser un bumerang que a las puertas del juicio aparezcamos como belicosos reclamantes que manipulan el fallo del máximo tribunal internacional. El conflicto de Venezuela-Estados Unidos y Colombia es coyuntural y corresponde a un periodo de la historia que pronto será sustituido por otro, pero nuestra demanda es única y estratégica. No podemos darnos el lujo de errar el tiro y poner en riesgo esa parte del mar que casi hemos logrado. Casi porque la Corte Internacional de Justicia bien puede ratificar dentro de cinco años, más o menos, derechos colombianos que hoy aparentemente no tiene. Recordemos que la frontera en esa parte del Caribe no ha sido definida por el tribunal. Aún no tenemos nada, más que ún fallo importante que borra las fronteras que Estados Unidos y Colombia trazaron arbitrariamente y que desde entonces han administrado en forma conjunta. Esos dos países acordaron el tratado impuesto al gobierno entreguista de Nicaragua, hace casi un siglo, y resolvieron que el meridiano 82 era la nueva frontera. De allí que será difícil que la administración estadounidense, cuya política es no respetar los fallos de La Haya, acepte el reciente dictamen y de las espaldas a su socio sudamericano. Menos en estas circunstancias. Peligrosa aventura Nicaragua se ha lanzado sin paracaídas a esta aventura. Chávez es un aliado temporal pero Estados Unidos debe ser un aliado permanente, un socio comercial fuerte en este mundo globalizado, el centro de la lucha por la preservación de la democracia, en un marco de respeto mutuo. Eso es lo que el presidente Ortega ha dicho. Que quiere ser amigo de Estados Unidos, que está dispuesto a recibir su ayuda, a fortalecer la agenda bilateral, a luchar contra los mismos enemigos como el terrorismo, el narcotráfico y la migración ilegal, pero que lo dejen ser. Sin embargo, Ortega está metiendo todos los temas en un mismo saco, sin hacer la necesaria separación entre lo que debemos discutir bilateralmente y lo que son sus compromisos internacionales. El presidente sandinista se lanzó el pasado fin de semana contra la inteligencia norteamericana a la que acusó de actuar con “cinismo y sin ninguna vergüenza” porque “son los que más intervienen en los procesos electorales, entregando dinero en América Latina”. “En Nicaragua lo han hecho y lo están haciendo, entregando millones de millones a través de distintas instituciones y lo han admitido públicamente disfrazado en programas”, dijo Ortega. Luego, acusó a Estados Unidos de espiar a las autoridades de Ecuador y de usar a becarios del programa Fullbrigth y miembros del Cuerpo de Paz de trabajar para sus servicios de inteligencia. Ni siquiera el presidente Rafael Correa de Ecuador ha hecho tales acusaciones y no dijo nada sobre lo dicho por Ortega. El cuento del lobo feroz Hemos abierto un flanco de crisis con el gobierno de Colombia y el de Estados Unidos sin hacer distinciones. Ortega arriesga sus frágiles relaciones con la administración norteamericana al lanzarse de cabeza en apoyo de su aliado venezolano. Al final de cuentas, las consecuencias de un desencuentro con Estados Unidos las pagará el pueblo de Nicaragua porque cualquier represalia que tome esa nación, por el mal manejo de las relaciones, no serán contra Ortega y los suyos sino que contra la nación. El juego de tomarse fotos un día con la DEA y al otro acusarla de espionaje y de intervención en los asuntos nicaragüenses es como el cuento del lobo feroz. Tanto gritamos contra él que un día se lanzará sobre la aldea a destrozar lo encuentre a su paso. |
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