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Año 9 No. 2018 Miércoles 18 de Febrero del 2008



Clase política empeora

Por Dr. Luis Mejía González

En lo personal no vislumbro un mejoramiento de nuestra clase política en lo futuro. Y consecuentemente, nuestro país no podrá salir del desastre nacional en que vivimos. A cada paso un interés económico o político individual sale al frente presentándose como la mejor manera de triunfo democrático. Y para comenzar no tienen arrastre político alguno.

Política similar también se hace en los medios de información. Es un inveterado quehacer que no pueden evitar. Y además, sus noticias cansan. Los presentadores de radio y televisión no pueden evitar su ya tradicional manera de volverse actores, en vez de presentadores o narradores.

Un ejemplo: alguien es entrevistado y dice lo que tiene que decir. El presentador dice, previamente, lo que el entrevistado va a manifestar. Y al terminar lo dicho por el entrevistado, el presentador vuelve a repetir lo dicho por el entrevistado y además, añade sus comentarios particulares. Al final, el presentador acomoda la entrevista y actúa como crítico de lo dicho. El oyente, finalmente resulta cansado y confundido de que quien de los dos dijo la verdad.

Hay más. Muchos medios de información radial y televisada, que al principio parecían independientes, resultan parciales, siempre a favor de quien está en el poder, desde luego.

Además, esa clase de política repetitiva y acomodada a favor de quienes están en el poder, resulta intolerable. No hay un solo medio en que el entrevistador sólo anuncia el nombre del entrevistado, lo identifica y el final no agregue sus comentarios. Que no es el caso de los comentaristas que se presentan y actúan como tales y quienes, por la misión que desempeñan, están en libertad de hacer sus cometarios finales sobre el tema desarrollado, a manera de redondear el tema del entrevistado.

La noticia debe servirse como la produce el entrevistado. Más, nada. Y que cada quien, en el público oyente, haga sus propias consideraciones y conclusiones.

Volviendo al empeoramiento de la clase política, estamos en la obligación de repetir –con el propósito de que ojalá no vuelva a repetirse- al comportamiento político del ex presidente Enrique Bolaños Geyer, quien propició el retorno a la presidencia de Nicaragua del actual presidente con el sólo afán de vengarse -todavía nadie sabe de qué- del ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo, quien lo llevó a la vicepresidencia y luego a la presidencia del país, propiciando sin imaginárselo, que no sólo lo enviaría a la cárcel por delitos que no acaban de probarse y para adueñarse del Partido Liberal Constitucionalista y convertirse en el gran elector del país, que al final le resultó imposible, pero lo dividió en tres pedazos y lo llevó al fracaso electoral pasado.

Como resultado, el Partido Liberal que había derrotado sostenidamente al candidado Daniel Ortega Saavedra, éste volvió a la presidencia para reencausar al país hacia el mismo destino en el que falló en la década de los 80, esta vez con otros aliados de clara orientación dictatorial.

Bolaños Geyer no sólo se convirtió en el peor presidente que ha tenido Nicaragua –lo aseguran quienes han evaluado sus años como presidente del país y la masa popular que resultó la más perjudicada en su mandato.

Después de Bolaños Geyer el Partido Liberal Constitcionalista ha continuado debilitántose cuando una serie de miembros del mismo, por alguna razón imposible de comprender, se han dado a la tarea de lanzar sus candidaturas sin tener respaldo alguno. Y además, por allí andan sueltos una serie de políticos de generación posterior, hombres y mujeres, que se han doctorado en política, sin tener la debida preparación, ni respaldo popular.

Es a esta clase de “políticos” a quienes no debiera darse campo en los medios de comunicación, porque pierden el tiempo y seriedad al publicar casi a diario sus fotografías con comentarios sin peso político real alguno.

Los medios deben, en cambio, enfocar con clara relación y honestidad, sin comentarios tendenciosos, los errores del gobierno actual que está llevando al país al despeñadero político y socio-económico, con clara tendencia política de repetir la administración de la década de los ochenta. Para detener ese terrible final, la clase política democrática debiera afianzar el bloque opositor que se había anunciado y en esa ruta trabajar por la candidatura con la que ahora, irrealmente, sueñan. Más, primero, hay que salvar a Nicaragua de la tragedia en que de nuevo se encuentra.

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