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Año 9 No. 2019 Jueves 14 de Febrero del 2008 | ||||||||||||
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Balance de un debate Por Hamlett COSEP y AMCHAM presentaron ayer en Canal 10, durante dos horas, un debate sobre el futuro de la economía. El intento de concentrar el tema fue marcado con la primera pregunta hecha por el presidente de la Cámara de Industrias, Mario Amador: ¿Qué hacer para alcanzar tasas de crecimiento anual en Nicaragua del 7%? Los panelistas eran muy apropiados para abordar el tema: Bayardo Arce Castaño, asesor económico de la Presidencia; Francisco Xavier Aguirre, diputado y presidente de la comisión económica de la Asamblea Nacional; Eduardo Montealegre, diputado y presidente de ALN; y, Edmundo Jarquín, ex secretario de planificación económica del sandinismo en los años 80 y ex candidato a la presidencia. Arce se excusó de participar, entre otras razones porque Jarquín no representa a nadie dicen que comentó. El diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez tampoco llegó así como el miembro de la Convergencia Luis H. Guzmán. La asistencia estuvo constituida por los presidentes de las cámaras del COSEP. El debate, que abordó temas vinculados a la economía, fue desigual e injusto no sólo con el tema si no que con los empresarios y la tele audiencia que esperaba le encendieran una luz al final del túnel. Los abogados se entrenan en las facultades de derecho simulando juicios, en los que el profesor o académico valora la capacidad del estudiante para litigar y argumentar ante el jurado. En los estrados ganan los que tienen más argumentos y no el que tenga más dominio escénico o histrionismo, dos virtudes importantes, pero no tanto como asirse de las evidencias para ganar. ¿Dónde estuvo la carne? Lo que vimos en ese debate fue una prolongación de la discusión en la Asamblea Nacional sobre el presupuesto de la república, la insistencia maniquea y facilista de culpar al “pacto” de todo lo que pasa en el país, para obviar el fondo, cómo solucionar los problemas. Otro estadio de discusión entre el estadismo y el populismo, entre la búsqueda de aplausos como si el futuro del país fuera un circo- y hacer lo correcto, entre el criticismo y la responsabilidad. Empecemos por analizar el papel de los actores. Edmundo Jarquín llegó al debate llevando en una bolsa un reloj para medir su tiempo y el de los demás y en la otra una polvera para que la maquillista le quitara el brillo de la cara dando la impresión de que no confiaba, ni siquiera eso en los organizadores: el tiempo y el maquillaje. En sus intervenciones mencionó tres veces el nombre de su suegra Violeta Barrios de Chamorro en un evidente intento de arroparse con su capital político, y diez veces el de Bayardo Arce Castaño quien lo ninguneó al no asistir porque él “no representa a nadie”. Seguramente le dolió su ausencia lo que le llevó a cometer un error, lo hizo partícipe del debate en ausencia. Olvidó que debía respeto a los empresarios que diseñaron un formato para poner a un lado la política y hablar de economía. Desaparecido Al invocar cada diez minutos el nombre de Arce demostró ansiedad o, como dijo alguien, una atracción fatal con sus antiguos compañeros de partido que hoy no quieren verlo y menos escuchar sus ideas. Jarquín desperdició su tiempo invocando a Arce y atacando al “pacto” y quedó en deuda con la teleaudiencia. Erró la brújula, contaminó el debate y malogró los objetivos de sus anfitriones. Eduardo Montealegre perdió identidad en la discusión y dejó que Jarquín y Aguirre Sacasa monopolizaran el debate. El ex ministro de Hacienda cedió su terreno y en ocasiones desapareció. Sus aportes se perdieron y cuando intentó igualar a Jarquín atacando al “pacto” o pidiendo salarios más allá de lo posible quedó por debajo de la retórica del sandinista. Montealegre dio la impresión de que se había preparado para el debate pero al final se limitó a complementar a Jarquín y darle apoyo en sus ataques contra Aguirre Sacasa. El diputado liberal capeó la mayor parte de las provocaciones y aprovechó el tiempo para abordar al tema de fondo. Lució como un defensor de la empresa privada al rechazar cualquier intento de imponer nuevos impuestos a este sector. Reclamó al gobierno un cambio de dirección, defendió el presupuesto de la república y el estado de derecho. Aguirre fue quien más atendió los llamados de José Adán Aguerri, presidente del COSEP, a no “buscar culpables” y ver hacia el futuro y el de César Zamora, presidente de AMCHAM, para no usar la tribuna de los empresarios para hacer política a ultranza. A quitarse los guantes En el balance, Jarquín sigue en campaña electoral, “disparando” desde su bunker contra todo y todos; Montealegre tiene que cambiar de discurso y actitud porque ayer no demostró ser el “líder de la oposición” que proclaman algunos medios ni el acorazado de la empresa privada como lo llamó Erwin Krüger en las elecciones del 2006; Aguirre es el ganador de fondo porque fue el neto defensor de la empresa privada, un camino que debe profundizar, llevó propuestas y abrió nuevos ángulos. Llamó a un acuerdo nacional de gobernabilidad y no cedió su espacio, como lo hizo Arce, aunque y para la próxima no debe olvidar afilar su estilete, ya que de vez en cuando hay que quitarse los guantes y hasta golpear debajo del cinturón. |
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