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Año 9 No. 2022 Martes 19 de Febrero del 2008



La falacia de la lucha contra la corrupción

--- La reunión del Día E

Por Ernesto Fernández T.
Especial para
Trinchera de la Noticia

Cuando Arnoldo Alemán Lacayo, durante la Gran Convención del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), impuso como candidato a presidente de la república a Enrique Bolaños Geyer, agradeció el apoyo brindado por el ex-gobernante para supuestamente abanderar a los cientos de miles de liberales, a los que posteriormente les clavó el puñal por la espalda. Por ningún motivo se le ocurrió mencionar que rechazaba la designación proveniente de un grupo de corruptos.

Grupos de oportunistas en cada cabecera departamental formaron la organización de caza puestos, “Amigos de Enrique Bolaños”, esperando que cuando ya tuviera ceñida la Banda Presidencial, repartiera entre ellos los diferentes cargos del Gabinete Pleno Ampliado. Pero sus insensatas ambiciones quedaron opacadas cuando se conocieron los resultados de los comicios de noviembre del 2004. Más de 1 millón 200 mil liberales, respondiendo a los llamados de los auténticos dirigentes del PLC, votaron por los candidatos de esta agrupación política a los diferentes cargos de elección popular.

Daniel Ortega Saavedra aparecía como el favorito en 20 encuestas electorales ad hoc. Fue entonces, cuando el doctor Alemán Lacayo, citó a una reunión de emergencia a un grupo de liberales de pura cepa en la Casa de Campaña del PLC en la Carretera Sur, donde designó a los Gerentes de Campaña del Día “E”, a fin de garantizar el dominio electoral del PLC. Esto ocurrió en los últimos días de octubre del 2001.

Fue el trabajo arduo de estos dirigentes liberales lo que garantizó el triunfo de los candidatos del PLC en las urnas a los diferentes cargos de elección popular y no la de los oportunistas y caza puestos de los grupos de “Amigos de Enrique Bolaños”, los que al final demostraron ser más amigos de lo ajeno que de Bolaños Geyer.

En los discursos que pronunció Bolaños Geyer desde Matiguás hasta Masaya, nunca habló de traicionar al liberalismo nicaragüense, sino de que él, como pitcher político, tiraría el tercer strike a Daniel Ortega Saavedra, propinándole el ponche definitvo que lo apartaría para siempre de la política nacional, ya que Violeta Chamorro y Arnoldo Alemán Lacayo le habían cantado los dos primeros.

Pero ya con la banda presidencial y mareado por los fuertes vapores del azufre y el incienso y confundido por sus asesores conservadores, decidió llevar a la práctica su verdadero programa de gobierno. Encabezar una falsa lucha contra la corrupción que perseguía cuatro propósitos fundamentales: encubrir su propia corrupción y la de sus entornos político y familiar; concertar el pacto de los pactos, el pacto Bolaños-Ortega, para promover juicios políticos contra el ex-presidente Alemán Lacayo y lograr encarcelarlo; dividir el liberalismo nicaragüense para facilitar el triunfo electoral del FSLN y por ende, de Ortega Saavedra y para justificar su incapacidad congénita para gobernar y hacer algo positivo por Nicaragua, navegar sobre una serie de crisis políticas promovidas por su torpeza y carencia total de liderazgo, siendo en esto el prototipo del famoso, anti-dühring de los clásicos germanos.

Después de un año de gobierno de Ortega Saavedra, donde la inflación galopante, el desempleo masivo, el autoritarismo y nuevas crisis institucionales son nuevamente sus tarjetas de presentación, ha llegado el momento de preguntarnos: ¿qué beneficios produjo a Nicaragua la famosa lucha frontal contra la corrupción de Enrique Bolaños Geyer? Tan sólo desastres de toda clase.

Recuerdo que en sus demagógicos discursos de campaña ponía el acento en que restablecería el orgullo natural de los nicaragüenses, devolviéndoles la confianza perdida en la capacidad de sus dirigentes políticos y que podían acceder a la educación, la vivienda, el trabajo y la seguridad sin necesidad de emigrar a otros países, principalmente Costa Rica y Estados Unidos.

Pero en realidad ha ocurrido todo lo contrario, porque un millón de compatriotas piensan emigrar de Nicaragua a los países que se presten a recibirlos. Es por esto que el doctor Arnoldo Alemán Lacayo, durante su comparecencia ante la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, la que está invitando a dar sus opiniones a distinguidas personalidades de la vida social, política y económica de Nicaragua, después de pronunicarse en favor de una amnistía amplia para todas las victimas de los chantajes políticos del FSLN, preguntó, ¿qué beneficios ha obtenido Nicaragua con su encarcelamiento y condena por una jueza sandinista a 20 años de prisión?

Ha llegado el momento que quienes tienen en sus manos el poder de decisión en la Asamblea Nacional, deben pensar en Nicaragua y su destino histórico, aplicando la medicina constitucional que ponga a salvo a todas las victimas del FSLN y de Ortega Saavedra, a los que la CGR les ha impuesto presunciones de responsabilidad penal sin causa alguna que lo justifique, aprobando un decreto de amnistía que coadyuve efectivamente a la reconciliación nacional.

Es digna de aplausos y encomios la actitud asumida por algunos diputados de la Asamblea Nacional sobre ese decreto de amnistía, ya que la Comisión de Paz y Reconciliación Nacional, no hace nada al respecto.

No pueden criticar esa iniciativa los que en el pasado fueron beneficiados por decretos análogos, beneficiando con la gracia del olvido y el perdón a quienes se cargaron 13 mil millones de dólares, dieron origen a la abultada deuda interna de Nicaragua y hasta han pretendido extinguir la acción penal de sus crímenes de guerra y de lesa humanidad.

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