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Año 9 No. 2023 Miércoles 20 de Febrero del 2008 | ||||||||||||
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Por Hamlett No voy a repetir el identi kit del presidente de ALN, Eduardo Montealegre, que publicamos hace algunos días, pero debemos tenerlo a mano ya que analizaremos el dilema -¡otro!- que hoy embarga al político liberal. Ser o no ser es la pregunta, robada al Príncipe danés, que hoy se hace Montealegre la que siempre acucia su cerebro cuando debe tomar una decisión importante- y aunque sepa la respuesta, como en la actualidad, no se atreve a publicarla porque lo suyo es la duda, el dilema, el si pero no, el flip flop. Todo comenzó cuando él decidió amarrar su nominación a la alcaldía de Managua incluyéndose como candidato de “consenso” en el acuerdo unitario firmado hace 42 días entre las comisiones negociadoras de ALN y PLC. Su problema es que no midió las consecuencias de ese acto, no estaba preparado para la tarea y hoy no sabe cómo deshacerse de asunto tan mayúsculo. Presiente que está jugándose su libertad, su futuro político y el de su familia pero no sabe qué hacer, no está pensando en Nicaragua, en la democracia, en los liberales o en cómo parar al sandinismo. Eduardo Montealegre tiene un problema grave, de fondo, que escapa a su capacidad e inteligencia, no sabe cómo salvar su pellejo sin entregar el país a Daniel Ortega y peor aún acabar con la más próxima esperanza de dar una lección al FSLN. Asustado Pongamos las cartas sobre la mesa. Eduardo está asustado porque los sandinistas ya le pusieron el lazo al cuello con el caso Cenis, Ortega lo acaba de proclamar en la plaza cuando dictó la virtual sentencia: los Cenis son buenos porque resolvieron un problema de la nación, los banqueros no tienen la culpa aunque se beneficiaron de un acto de corrupción pero los responsables son los funcionarios que tomaron las decisiones posteriores a la emisión de los bonos. Eduardo sabe que ganará de calle la Alcaldía de Managua, el vellocino de oro electoral para cualquier partido político, pero tiene miedo a caer preso cuando renuncie a su inmunidad. No quiere incomodar a Daniel Ortega, le tiene temor a su poder, y por ello prefiere hacerse a un lado para no provocar su furia. Hay quienes dicen que lo de Montealegre es otro tipo de miedo, no tanto a la cárcel, sino que al fracaso. Luis Humberto Guzmán, miembro de la Convergencia, dice que teme perder aunque los números le dicen que el potencial de votos de ALN y PLC podría superar en 40,000 al FSLN en la capital. Aún con esa garantía no está seguro. Tiene el 100% de seguridad de triunfo, pero no le basta, quiere el 200%. En una reciente ronda que hizo con grupos políticos, sociales, económicos y periodísticos, Montealegre pidió la opinión de muchas personas, la mayoría de las cuales le aconsejó que era su momento de poner una pica en Flandes, ganar la alcaldía, consolidar su liderazgo nacional, demostrar su capacidad administrativa y abrirse las puertas de la presidencia Lo engancharon Otros le aconsejaron lo contrario. Que la Alcaldía era muy poco para él, que los liberales querían acorrarlo en Managua para cerrarle el paso, que el sandinismo está esperando el momento para echarlo preso, que si el MRS va solo él perderá porque los renovadores le quitan votos a ALN y al FSLN. Pero hay una tesis mucho más sofisticada con la que Montealegre se siente cómodo y hasta comparte porque en el fondo es la misma teoría que llevó al ex presidente Enrique Bolaños a lanzar la “campaña anticorrupción”, cuyos resultados únicamente le sirvió a Daniel Ortega para regresar al poder. Según la tesis a la que se aferra Montealegre, él está ganando espacio y liderazgo cada día que pasa y a mediano plazo, más temprano que tarde, obtendrá el premio mayor: la presidencia de la república. La hipótesis está basada en la destrucción del PLC y la figura de Arnoldo Alemán, una batalla que cree poder ganar, no importa que el pueblo pague el costo aguantando al sandinismo cinco años más si al final sólo habrá una opción, él y sus aliados. No tiene un plan Cómo se ve eso en la práctica. Primero, ALN nació de la nada pero en las elecciones municipales de 2004 logró, siendo APRE en ese momento, algunas pocas alcaldías; segundo, de la nada pasó a ser el segundo candidato en votos en 2006 y con una bancada de 23 diputados; tercero, en noviembre podría lograr sus primeras alcaldías en forma directa, si son diez, 20 ó 50 no importa porque nos las tiene. Por eso es que no aceptará ser alcalde de Managua, aunque reclamará ser el jefe de la campaña del liberalismo unificado para cosechar las mieles del triunfo; presionará a Arnoldo Alemán para que el candidato sea Enrique Quiñónez y así no dejarle nada al PLC; querrá mantener su diputación e inmunidad, la jefatura de su bancada y el protagonismo de la oposición. En fin, lo quiere todo sin arriesgarse y sin poner nada. |
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