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Año 9 No. 2023 Miércoles 20 de Febrero del 2008



Inseguridad Nacional

Por Dr. Luis Mejía González

Revisando el diario acontecer político en nuestro país, se llega a la conclusión forzosa, a nivel nacional, que se vive en una inseguridad completa. ¿Hacia donde va el país, es la pregunta obligada de cada quien?. La respuesta lógica es que hacia el desastre político y socioeconómico. Y nadie quiere eso.

Electo el Frente Sandinista para el período presidencial actual, la ciudadanía (no obstante su color político y el temor lógico que siempre ha habido desde 1979 de esa tendencia política extrema que se creía totalmente fenecida), esperaba una efectiva superación de su Gobierno que rescatara para siempre la imagen del desastre nacional que produjera en la década de los 80 bajo la guía del marxismo-leninismo soviético-cubano, prácticamente pasado a la historia.

Nadie contaba que en nuestro propio patio continental tendríamos a otro enloquecido y prepotente líder que por el camino de un socialismo, a su propia imagen, prácticamente nos llevaría de la mano por similar camino que el Frente Sandinista ya había andado en la década mencionada. Debemos de romper o modificar esa alianza.

El enemigo es el mismo: los Estados Unidos de América el cual, de poder ser al apartado, dejaría libre el camino a esa nueva dictadura continental populista y fatal.

Nicaragua no debe ser parte de esa confrontación, de la cual ya tiene una historia relativamente reciente de fracaso. Ningún país pequeño y débil como el nuestro puede hacerle frente a una potencia, que además de ser nuestra más importante vecina, ha sido tradicionalmente el principal mercado de nuestros productos.

Consecuentemente, tampoco podemos iniciar una confrontación política con Colombia, por el sólo distanciamiento que existe entre este país y Venezuela, por motivos políticos particulares y sumamente peligrosos. Resulta ridículo que seamos parte del mismo cuando estamos siendo favorecidos por un fallo internacional con Colombia que pronto será definitivo y determinante a nuestro favor con relación a nuestros límites marínos con dicho país.

Además, no es una buena política estar asociado o hipotecado con el perdedor. El Presidente de Venezuela lleva todas las de perder contra los Estados Unidos, especialmente porque se debilita diariamente, a nivel nacional, por su política violenta y agresiva, incluso contra sus propios compatriotas que lo adversan a nivel nacional por más de una razón justificada.

La ciudadanía quiere que nuestro actual Gobierno haga las cosas domésticas que está obligado a realizar, de manera legal, sabiendo que de lograrlo, se beneficiará políticamente y terminará, sin mayores tropiezos, el período para el que fue electo.

Con los errores gubernamentales cometidos y conocidos de todos, estamos casi en el limite de la resistencia y el peligro real está al otro lado a la espera de la acción porque –repetimos- el hambre es muy mala consejera y un pueblo desempleado estará siempre listo, incluso, para acciones desesperadas.

Y el desempleo continúa, producido por la preferencia a los miembros del partido político del Gobierno y el de sus familiares, lo cual es una mala decisión de la Administración, porque con sólo el volumen de votos favorecidos, más sus familiares, el Gobierno no puede darse el lujo de pretender su reelección o el triunfo del partido con otro candidato familiar, como parece ser su pretensión.

Necesitamos vivir en paz y tener trabajo. Esa es la primera y básica demanda de todo pueblo a su mandatario. Ganó la elección, que ejerza su mandato y haga todo lo que esté a su alcance a favor de la prosperidad del país, por modesta que sea. Un atraso de cinco años en el desarrollo de un país como el nuestro, después del desastre de la década de los 80, es gravísimo.

Si el Gobierno se desempeña bien, la ciudadanía estará en paz, la empresa privada crecerá y multiplicará los empleos. Nadie está obligado a hacer más de lo que debe, pero no puede hacer menos, porque la inestabilidad crea violencia, que por experiencia, sabemos hasta donde puede llegar.

Hay que detener la inseguridad nacional y no agravarla más allá de nuestros propios problemas. La amistad entre mandatarios y países tiene su limite. Y ese límite es la seguridad nacional. Nuestra seguridad nacional va de la mano de nuestras buenas relaciones con Estados Unidos, lo cual no quiere decir que sea excluyente de ninguna otra, que nunca lo ha sido.

Cada país tiene sus propios intereses políticos que deben ser respetados. Los nuestros tradicionalmente han estado vinculados con los Estados Unidos y no tenemos razones propias para ponernos en la acera de enfrente en su contra, porque estaremos atentando contra nuestro propio beneficio.

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