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Año 9 No. 2027 Martes 26 de Febrero del 2008 | ||||||||||||
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Por Hamlett No hay duda de que el momento en que más nos parecemos a este primo lejano del homo sapiens es en épocas electorales. Sobran todos los días, en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, los chimpolitics golpeándose el pecho y gritando a voz en cuello que son los más valientes, aquellos que los “tienen buen puestos” o que son capaces de resistir balazos, trompones o patadas de cualquier calibre. En el sandinismo a ese tipo de “quiebra-jícaras” les llaman chaolines, aquellos famosos monjes de las películas chinas de artes marciales que no comen pero que son más duros que un buey. Los chimpolitics creen que las posiciones más duras, las exhibicionistas y gritonas son las que le gustan al pueblo y basta con eso para ganar los votos. Es cierto que este tipo de posiciones llaman la atención y arrancan aplausos pero no es cierto que eso traduzca en sufragios como lo atestiguan Edén Pastora, que nunca pasó de tres o cuatro mil votos, o Enrique Quiñónez que en 1996 se lanzó como candidato presidencial contra Alemán y Ortega. Ni siquiera con el alarido de Tarzán ha nacido una tercera vía ganadora porque todas son divisiones de otros partidos, como fue ALN del PLC y el MRS del FSLN. Sirven para quitarles votantes a los partidos nodrizas pero no para ganar elecciones. El más “exitoso” en esta tarea divisionista ha sido ALN que le quitó casi la mitad de sus votos al PLC. Se trata del peligro El CSE es un cementerio de franquicias descartadas, desde el Proyecto Nacional hasta ALN, pasando por el MRS, socialdemócratas, socialcristianos, cristianos protestantes o marxistas extremos. El tema no es si el bipartidismo es malo para la democracia o no, o si la mejor prueba de que vivimos en un país es tener a 50 organizaciones partidarias. El punto es que la democracia está expuesta hoy a un grave peligro con el proyecto familiar del FSLN y que la supremacía de un partido sobre otros, en el sector de la derecha, no es la prioridad del momento. El cáncer de la política nicaragüense, antes y ahora ha sido el divisionismo y aquellos que han hecho o harán tiendas apartes, aunque es un derecho de cada ciudadano organizarse como quiera, lo cierto es que si los demócratas no piensan más allá de sus intereses personales o sus pequeñas venganzas continuaremos a merced del FSLN. Por ejemplo, ¿qué gana o pierde Eduardo Montealegre rechazando la candidatura a la alcaldía de Managua? ¿Quién gana o pierde con la división de los liberales? ¿Qué gana el movimiento “Vamos con Eduardo” en la casilla 13 del PLI? ¿Qué gana o pierde Arnoldo Alemán si el PLC obtiene el mismo número de alcaldías que en el 2004? ¿Qué gana o pierde el sandinismo si aumenta el número de municipalidades en noviembre? O bien, ¿qué gana la democracia si entre el PLC y la gente de Montealegre no superan en número y calidad de alcaldías a los sandinistas? Hacen falta líderes Y esta triste situación está vinculada a la calidad de líderes que tiene la derecha. No se trata de ser “buenos hombres o mujeres”, de tener dinero para fabricar partidos o candidatos, de tener un buen discurso o de quién se golpea más y mejor el pecho, como los chimpances, en las campañas electorales. La crisis que vive el país no es del modelo democrático, como nos dicen hoy los sandinistas, ni de la derecha como otros nos hacen creer. Se trata de una crisis prefabricada por los cálculos de los arquitectos de la desgracia, como Enrique Bolaños que creyó construiría una “nueva era” en la que él sería el Mesías. Esto me recuerda una reflexión hecha por el incaísta y embajador en Washington, Arturo J. Cruz Sequeira, en un estudio de 2005 cuando se adelantó a las consecuencias del manejo irresponsable de la economía o de la política mencionando una anécdota famosa ocurrida en el traslape de los gobiernos mexicanos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, en aquel famoso “error de diciembre” de 1994. Así lo advirtió Cruz Sequeira entonces: “Cuidado que el deseo de transformar nuestro sistema político aceleradamente nos deje en una situación política parecida al México de 1995, cuando según se cuenta, el nuevo ministro de Zedillo, Serra-Puche, le reclamó a Pedro Aspe, su antecesor en el cargo de Hacienda, por haberle dejado la economía “pegada con alfileres”, a lo cual Pedro Aspe le contesto: “¿para qué los quitaste entonces?” Otra oportunidad, otro peligro Los destinatarios del mensaje no quisieron entenderlo pese a que sé que Cruz Sequeira se los mencionó al ex presidente Enrique Bolaños, capitalistas y otras personas influyentes. Pero no lo escucharon y así como el Efecto Tequila descalabró la economía de México arrastrándola al precipicio, en Nicaragua hay quienes insisten en mantener un modelo divisionista que sólo favorece a los enemigos de la democracia. Ojalá Eduardo no quite el último alfiler y más bien ayude a poner alguno de los caídos cuando tome su decisión en cuanto a su candidatura y alianzas. Por Nicaragua ojalá sea la mejor decisión. |
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