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Año 9 No. 2029 Jueves 28 de Febrero del 2008 | ||||||||||||
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--- Al recordado Luís Ángel Berríos Estrada Por Víctor Ayala G.
Más que un homenaje que le quisiéramos dar a Yoyavoy por medio de estas páginas, queremos destacar su vida y conmemorarlo con algunas de sus anécdotas. Pues, así como le gustaba burlarse, reírse de los demás, ahora hablaremos de él en su ausencia. Leonés de pura cepa, de los Estradas llegados a León desde Guatemala, directamente de España. De los Berríos de las principales calles de León. Sin embargo, no era eso lo que le atraía a Yoyavoy, sino que le angustiaba la pereza mental y el vago conocimiento que sobre el español tenían muchas personas y que se hacían eco del mismo. Su libro favorito era el “Diccionario de uso del español” de María Moliner con el cual desbarataba, como con una cimitarra hispánica a cualquier mortal, incluso a los que se decían ser eruditos en la materia. De vez en cuando se enfrascaba en discusiones serias con médicos, periodistas, artistas, entre otros, sobre porqué desbaratar el idioma. Una vez se enfrascó en una discusión con el reconocido optometrista dueño de la Óptica Pereira, Alejandro Pereira, que lo sacó de quicio. Se andaba haciendo unos lentes y el Sr. Pereira le dijo que tenía “presbicie”. Yoyavoy inmediatamente brincó y le dijo que no se decía “presbicie”, sino “presbicia”. A Pereira no lo pudo sacar de su posición puesto que era una autoridad en la materia en la óptica donde trabajaba antes de tener su propio centro visual. Pasó días y días maquinando cómo desquitarse. Obviamente el tiempo fue olvidando ese incidente, pero que le dio la razón (siempre la tuvo) a Yoyavoy. Sergio Chancleta Luís Ángel, compartió las mismas facultades o sino aulas de estudio en los años ‘50 y ‘60 con personas que han hecho historia en Nicaragua. Por ejemplo, con Sergio Ramírez Mercado a quien le decía (no en la cara del ex vicepresidente de Nicaragua), “Sergio Chancleta”. Contó, pero no escribió por respeto a Sergio, porqué le decía “Sergio Chancleta” en su época de estudiante en León. Su libro, “Castigo Divino”, decía que era una forma de venganza de Sergio contra los leoneses, contra las familias de “alcurnia”, contra aquellos que le habían puesto como sobrenombre “Sergio Chancleta”. Ahí tengo en el tintero de un libro dedicado a Yoyavoy la historia de ese apodo vicepresidencial. No conforme con las clases de abogacía en la Unan León, se fue a estudiar a España a comienzos de los ’60. Allá pasó más de 10 años. Estudió, hizo tesis sobre las iglesias, sus arquitecturas e historia; muy pocos saben de esos estudios que hizo en España. Allá compartió vivienda con Francisco Mayorga, ex presidente del Banco Central y de quien se reía con una historia del supositorio que le tocó poner al Dr. Mayorga, también leonés. Con el terremoto de Managua, coordinó la cooperación española para traerla al país. El terremoto lo trajo de vuelta a Nicaragua, ya con su esposa española y su hija Desiré. Pero ésta se le regresó a España con todo e hija, porque la tierra nica no le gustaba mucho. No la siguió y aquí se casó nuevamente. Tuvo dos hijos: Sandro René que vive en León y Luís Angel Berríos Jr. (“Luisín”), que tiene 12 años. Yoyavoy, o “Patota Berríos”, se hizo socialista en España, pero de ese socialismo europeo del tipo social obrero o social demócrata. Esa influencia hizo que en los ’80 colaborara con cierto entusiasmo al inicio con la “revolución folklórica”, como le decía a la revolución sandinista. Así fue como llegó a la Semana Cómica de la época dorada de Róger Sánchez Flores y de Carlos Sánchez (Kalo). Anédcota con Borge Estando en la Semana Cómica, el todopoderoso Tomás Borge lo llamó a Róger y a él para discutir una queja que el movimiento feminista le había hecho a él sobre una supuesta burla publicada por la Semana Cómica hacia el movimiento. Tomás Borge los llamó, les preguntó qué era eso que habían publicado. Al rato, riendo, les dijo: “Si estuvo muy bueno hombre, me gustó, sigan como lo vienen haciendo”. La Semana Cómica se salió de la línea ortodoxa ddel sandinismo y desde los ’80, hasta su final, representó la crítica sarcástica contra la revolución rojinegra. Luis Ángel escribía unas columnas con la firma “Label” y también con “Yoyavoy”. Irónicamente, de esa Semana Cómica casi no queda nadie. Kalo, Róger y hasta Noel Irías han muerto. “¿Será que a mí también me va a llegar la maldición de la Iglesia por andarnos burlando de ellos?”, decía. Lo sexual de Yoyavoy Contaba que eso de Yoyavoy tenía una connotación sexual. Y un día lo explicó, pues representaba el último hálito, el último suspiro de la relación, porque su humor era eso. A finales de los ’80 y en mera transición política de comienzos de los ’90, fue electo presidente de la Unión de Periodista de Nicaragua. Emigdio Suárez Sobalvarro (q.e.p.d, también), le dijo: “Ahora sí jodido, la UPN dejará de ser UPM”. Esa frase la repitió Yoyavoy en una transmisión en vivo de Radio Ya que hicimos desde la casa de los Suárez cuando éste falleció el 24 de enero de 1995. Y realmente, logró conseguir los terrenos dentro de los cuales ahora existe la Colonia del Periodista y dignificó al gremio periodístico aglutinado en la UPN y le quitó ese “color partidario” que tenía de los tiempos de guerra de los años ’80. Pidió la unidad de todo el gremio de periodistas. Yoyavoy jamás fue militante sandinista, despreció la militancia porque dijo que él profesaba un socialismo muy distinto del que promulgaba los sandinistas y hasta el propio Partido Socialista de Nicaragua (PSN) liderado por el siquiatra Gustavo Tablada. “Ese no es mi socialismo, poeta”, me decía. En 1996 trabajó con Tablada en la campaña del PSN. Les escogió a los socialistas como color de campaña el chicha, que años después Rosario Murillo se lo apropió para el Frente Sandinista. En el año 2000 trasladó todas sus baterías a Trinchera de la Noticia, donde escribió con ese mismo estilo humorístico, conservado desde la época de la Semana Cómica, la columna “Yo No Se Del Hilo”. Hasta su muerte conservó el humor y “perturbó”, como decía, la vida de los demás. Justo antes que finalizara el año 2001, el 31 de diciembre, cuando todos nos preparábamos para despedir el Año Viejo, amanecimos con la noticia que había muerto luego de una larga enfermedad que le afectó la sangre (leucemia). Antes de morir dice su esposa Jazmina Murguía, que pidió perdón por todas sus fechorías en vida. Sus últimas palabras fueron: “¡Hay Dios!” por tres veces y agregó “Adiós a este mundo”. |
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