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Año 9 No. 2032 Martes 4 de Marzo del 2008 | ||||||||||||
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Por Hamlett
El peruano define a la “derechona”, citando al español Francisco Umbral, como un “sinónimo, tanto de crispación, de envidia y obstruccionismo como de una manera casposa de ver, vivir y entender la realidad y la política… de una visión cavernaria de la realidad”. La primera pregunta que viene a mi mente con estas afirmaciones es qué cosa es la derecha y la segunda es de qué sirven los etiquetamientos. El fresco y aún frágil proceso de reunificación liberal debe discutir la índole filosófica de esta nueva etapa aunque suene a ridículo e intrascendente. Con un Frente Sandinista posicionado de la izquierda pero moviéndose en la práctica hacia el centro, con un Daniel Ortega cumpliendo al pie de la letra las políticas fondomonetaristas aún siendo un malcriado cumplidor de las leyes del mercado, la derecha debe redefinir su posición mientras gana las próximas elecciones. Los liberales y sus aliados democráticos deben evitar el facilismo del calificativo o el apodo y ante un FSLN encajonado y huérfano en lo ideológico, debe ser más transparente y flexible que la izquierda. Realismo Los sandinistas están frustrados. Lanzaron un proyecto izquierdista revestido de colores que no aguantó ni el primer round frente a la realidad y por eso han recurrido al pragmatismo orteguista o tercerista. Al asumir la banda, no duró en tender la mano a Estados Unidos, mientras con la otra abrazaba a Chávez, Fidel y Ahmedinajad. Pero una cosa son los discursos, que cada día necesitan de más decibeles para llamar la atención, que su praxis en el campo de la economía. Asistimos al clásico e histórico desdén del presidente Ortega por la dirección del estado porque nunca le ha gustado, no es su “onda”, siempre ha delegado esta “fastidiosa” tarea en otros Sergio Ramírez en los 80 y Bayardo Arce en su retorno al poder. Por eso Ortega es peligroso porque él quiere hacer las cosas de otra manera, halar más a la izquierda, solazarse con los programa Hambre Cero, los CPC, el control partidario de la sociedad aunque sabe que no tiene el espacio ni los recursos para hacerlo. De allí que su pragmatismo ilimitado debe ser superado por una derecha que se reencuentra, buscando nuevos horizontes, y de paso se reinventa en lo ideológico. Por eso me resulta increíble y hasta admirable, en el fondo, que un veterano y antiguo roble del liberalismo se haya dado a la tarea de elaborar sobre el tema. Liberalismo a la Luis Somoza D. Un día antes de que el PLC cediese todo lo que pudo a Eduardo Montealegre, con la excepción de la casilla, el ex vicepresidente de la república de Anastasio Somoza Debayle, Alfonso Callejas Deshon, de 85 años de edad, consejero del candidato a la alcaldía, le propuso al líder del PLC Arnoldo Alemán Lacayo la construcción de un nuevo Partido Liberal constituido por corrientes que pudiesen interactuar y hasta competir entre sí. Bajo ese esquema, Eduardo Montealegre podría ser una corriente con vida propia dentro del PLC o PLC, como podrían ser los liberales constitucionalistas, los independientes, o cualquiera otra propuesta aún no siendo liberal. Las ideas de Callejas, ex ministro de Obras Públicas de Somoza D., ex magistrado del Consejo Supremo Electoral en la administración Chamorro, secretario político de Enrique Bolaños y ahora consejero de Montealegre, fue escuchada por Alemán a quien hoy se le reconoce ser una especie de ave fénix y la figura que podría transformar al liberalismo, que deje de ser una derechona para ser reconstructor del sector democrático. Es obvio que Callejas quiere salvar a toda costa el proyecto de Montealegre, quien no tiene la talla para semejante tarea ni siquiera para sustituir a Alemán, a quien astutamente el veterano liberal nacionalista le propone ser una especie de patriarca, por encima del bien y el mal, para alejarlo de cualquier “tentación” mundana, una especie del “viejo del portal” que Carlos Fuentes nos describe en la Silla del Águila. El veterano liberal nacionalista se ha equivocado recientemente. Primero afirmó (2003) que el GUL y luego APRE, era un partido que nacía para darle apoyo al presidente Enrique Bolaños y luego dijo que la consigna de esa agrupación era “no al caudillismo y a los nombramientos por dedazos”. Después de todo, Montealegre es candidato por “consenso” o sea por escogencia directa y no por primarias. Una lección de judo La conclusión es que los liberales necesitan debatir qué son hoy en día, renovar sus ideas y sus propuestas, requieren de una imagen sólida que transmita confianza, ser la locomotora que recupere la democracia para Nicaragua. La lección número uno que reciben los estudiantes de judo es que “hay que ceder para vencer” y el PLC dio el primer paso en tal sentido. Ahora habrá que esperar la embestida del sandinismo y la de muchos inconformes que querrán frustrar la reunificación liberal. Con más paciencia, prudencia, perseverancia e inteligencia se puede lograr mucho más. |
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