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Año 9 No. 2033 Miércoles 5 de Marzo del 2008



El fantasma del doctor Francia

Por Hamlett
trincheradelanoticia@yahoo.es

Cerca del Versalles y en la calle Ocho de Miami los ataúdes para Fidel Castro ya no tienen quien los cargue. La decepción y el escepticismo han podido más que el entusiasmo de dos generaciones de exiliados cubanos que durante 50 años han celebrado una y otra vez la muerte del tozudo personaje.

El anuncio de su retiro no les ha bastado y tampoco les levantó el ánimo para continuar sonando sus claxon al pasar cerca del Ayestarán. El balde agua fría, y tal vez el obituario adelantado al final físico de Castro lo dio hace quince años un babalao habanero, Nicasito León, al escritor J.J. Armas Marcelo. Luego de tirar una y otra sus caracolas sobre la vieja mesa dictó la sentencia, allá por 1993: “Morirá a los 82 años cumplidos. ¡Y triunfante! ¿eh?, en el poder, no te vayas a olvidar de eso”.

El 13 de agosto próximo, Fidel Castro cumplirá los 82 años. ¿Se cumplirá el vaticinio del babalao? ¿Será el final de su vida física pero no el de su poder? Pronto sabremos quién tiene la razón.

Comencé con esta anécdota para comentar las conclusiones de algunos “especialistas” que ven al ex presidente Arnoldo Alemán como el ganador de la puja con Eduardo Montealegre por la unificación liberal y democrática.

En términos concretos, no hay duda de que la propuesta de Alemán se impuso al final y por ello su vigencia política ha crecido en la pasarela política. Las realidades se imponen y el experimento de la Nueva Era terminó el pasado lunes al ser inscrita la Alianza PLC ante el Consejo Supremo Electoral.

Y es tan real que los conservadores hoy lamentan su grave error sectarista.

Ahuyentar a los agoreros

Me dicen que no es sano hablar de estos asuntos por lo fresquecito que está el desenlace, pero entre más rápido asimilen los dirigentes democráticos que la Nueva Era es ahora el Viejo Orden y que la tarea del momento es la unidad para derrotar al sandinismo en las municipales más tiempo habrá para recomponer las fuerzas electorales y dotarlas de un espíritu ganador.

Los verdaderos perdedores, como Enrique Bolaños, Alejandro Serrano Caldera, Carlos Tunnerman Bernheim, Sergio García Quintero, Jaime Morales y Mario Sebastián Rapacciolli, entre otros, deben decidir si son parte del problema o de la solución. Lo mejor que pueden hacer es cambiar de actitud y dar razón a quienes la tuvieron, o apartarse de una vez por todas.

Es inconcebible, por tanto repudiable, que Serrano Caldera y otros vengan ahora a descubrir el agua helada diciendo que no se puede extrapolar los resultados de la votación del año 2006 porque la dinámica de las municipales es diferente. Ergo, los demócratas no pueden cambiar victoria. ¡Brujo! ¿Qué mensaje transmiten con eso? ¿A quién hacen el juego? ¿Qué ganan diciendo que el ganador es Alemán y no Eduardo Montealegre o la democracia tras la firma de la unidad?

No hay que usar binoculares para saber que el juego de la división, alentado por los “analistas”, sólo favorece al sandinismo en estas circunstancias. Los liberales y demócratas deben cuidarse del estímulo al abstencionismo que personajes como los antes mencionados empujan abiertamente desde medios de comunicación que también están frustrados por la unidad y que actúan como troyanos saboteando el tierno esfuerzo.

Cerrar filas

Todos esos personajes deberían estar alertando a la comunidad nacional e internacional de que el Frente Sandinista no se cruzará de brazos ante la posibilidad de perder los comicios de noviembre y que usará sus armas para impedir que la alianza liberal recupere 100 alcaldías. Hablo de las amenazas contra Montealegre, Alemán y otros; la persecución familiar y el acoso a sus finanzas; las campañas sucias y hasta de un posible atentado. Hay que hacerlo, no para asustar al pueblo si no que para unir y sellar las filas democráticas sin dividirlas ni infundir pavor.

Repito, la realidad se abre paso y si la tesis del ex presidente Alemán se impuso al final debemos verlo en sentido positivo, aleccionador y de cara al futuro. El paso dado por Montealegre no fue fácil y sea cuál fuere el factor que lo hizo volver al PLC habla de un estadio de madurez que no había mostrado antes.

Recordemos que los más graves peligros para la frágil unidad están dentro y no fuera del partido. Hablo de la envidia, el egoísmo, la frustración y la inmadurez, la base del coctel que llevó a Enrique Bolaños a prender fuego a la pradera sin medir la consecuencia de sus actos.

Ya sabemos quién es quién

En el “Yo, El Supremo”, el novelista Roa Bastos cuenta la vida del doctor Francia, José Gaspar Rodríguez de Francia, prócer y dictador paraguayo, quien hizo correr el rumor en su país de que había muerto sólo para ver la reacción de sus “súbditos”.

La “muerte política” de Alemán, “decretada” por Bolaños, sirvió para algo parecido ya que le ha permitido saber –a los dos- quién es quién, al traidor, al leal, al necesario y al imprescindible.

Todo un vademécum que Alemán y quienes le acompañan en esta nueva etapa, pueden usar para curar, y no agravar, los males que aquejan a los partidos democráticos.

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