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Año 9 No. 2034 Jueves 6 de Marzo del 2008 | ||||||||||||
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Por Hamlett
El mensaje de Cruz Sequeira podría ser desconcertante y hasta histórico si no fuese porque la realidad le está dando la razón. El fondo de los discursos públicos de los altos funcionarios norteamericanos, que ahora nos visitan al ritmo de uno cada quince días, y la forma en que posan ante las cámaras junto a Ortega no encaja en los pronósticos catastróficos que hace un año presagiaban un derrumbe en las relaciones. ¿Será posible que la administración de Estados Unidos sea neutral o deje de meter su nariz en algún proceso electoral nicaragüense para no afectar sus lazos con el sandinismo o no incomodarlo? Yo no lo creo, ¿y usted? En su charla ante más de un centenar de empresarios de AMCHAM, Cruz Sequeira les dejó un claro mensaje sin ser explícito y menos obvio: Que los políticos se ocupen de sus asuntos porque Estados Unidos ya se está ocupando de los propios. Ergo, no esperen injerencia alguna ni discursos de respaldo a la derecha porque el plan de la administración Bush es acercarse a Daniel Ortega, la persona y el gobernante. Fascinante tesis, ¿no? El escenario planteado por el historiador e incaísta se apoya también en factores coyunturales como el fin de la doble administración de Bush Jr., la guerra en Irak y el olvido de América Latina, el concentrado interés del Departamento de Estado en sus socios globales en la región como Brasil, Colombia y México o en sus adversarios latinos Cuba, Venezuela, Bolivia. Estamos fuera Y en esta ecuación no cabe el régimen sandinista, que está empeñado en expiar sus pecadillos de los años 80 y reconciliarse con aquellos que le hicieron la vida imposible, como Estados Unidos, a quienes hoy se acercan como aliados comerciales y socios en combates estratégicos contra el terrorismo, migración y drogas. Como bien dijo el embajador Cruz Sequeira, el gobierno sandinista tiene capacidad para llamar la atención internacional, así lo demostró Ortega en septiembre del año pasado con su discurso ante Naciones Unidos y que condujo a una rápida entrevista telefónica, esa misma noche, con el Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon. El diplomático dejó a su auditorio el sabor de que ha llegado la hora de que el país resuelva sus problemas políticos sin injerencia alguna lo digo aunque no lo trago aún- lo que debe ser muy sano y una oportunidad para la clase gobernante. Y me hago la siguiente pregunta: ¿Está Estados Unidos preparado para sacar sus manos de Nicaragua? Veamos algunas declaraciones interesantes. El Director de Centroamérica del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Feeley, le dijo a Ortega la noche del pasado lunes que su país está “…dejando atrás una historia que ya sabemos muy bien pero con énfasis, como usted y su equipo han hecho desde que asumieron el poder, énfasis sobre el bienestar de los pueblos”. A su vez Ortega respondió: “Lo importante es que con esta visita se está ratificando la disposición que existe de parte del Gobierno de Estados Unidos y del Gobierno de Nicaragua de seguir trabajando”. En resumen: diálogo permanente, fluido y agenda compartida. Que escuchen los pro USA De la visita del Subsecretario de Comercio, Christopher Padilla, se dice que fue tensa porque ambos sostuvieron posiciones casi opuestas en el tema del libre comercio y el CAFTA. Pero la “sangre no llegó al río” y la conversación se transformó en un duelo conceptual que pavimentó el camino de retorno del Secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, a Managua. Es indudable que la administración Bush prefiere a Eduardo Montealegre que a Ortega, a un gobierno democrático liberal y no a un socialista que no sabe si es de izquierda o de centro. Pero ambos no han dudado en ser pragmáticos dedicándose a cultivar relaciones directas, sin retórica, sin intermediarios. ¿Hace cuánto Daniel Ortega no la emprende contra Bush o el imperio mismo? Este mensaje debe ser asimilado por Montealegre y su gente, por los MRS y los conservadores, ya que al menos este año no deberíamos esperar que la Embajada de Estados Unidos, pasando por una larga transición de nueve meses (en enero anunciamos que “El Chele” Callahan sería el embajador, que asumirá hasta septiembre), no incidirá en el comportamiento de la política. Por supuesto, se aceptan consejos positivos y será mejor que esa sede diplomática contribuya a que los políticos nicas resuelvan sus contradicciones y hagan las cosas bien. Será mejor que no caigan en la tentación de volver al año 2006. Estos ya no son tiempos de división y lo mejor es que metamos la cabeza en los problemas de nuestro país, en los intereses del pueblo para no cometer más errores. |
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