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Año 9 No. 2034 Jueves 6 de Marzo del 2008



Bajo las enaguas de la inmunidad y los amparos

Por Ernesto Fernández T.

Cuando el entonces presidente de la república, Enrique Bolaños Geyer, negociaba su nefasto pacto con el secretario general del Frente Sandinista, Daniel Ortega Saavedra, para, primero, desaforar y luego encarcelar a través de un proceso eminentemente político al dirigente liberal, Arnoldo Alemán Lacayo, decía en tono de burla que “él nunca se refugiaría bajo las enaguas de la inmunidad parlamentaria para evadir la acción de la justicia”.

Luego, cuando el pacto Bolaños-Ortega estaba ya concertado y el doctor Alemán Lacayo en manos de los jueces sandinistas, al hacerse público que había sido fulminado con auto de segura y formal prisión, se deshizo en elogios para quienes tienen secuestrado el Poder Judicial, manifestando que tenia una fe ciega en la imparcialidad de la justicia nicaragüense.

Varios años después, cuando los Contralores Colegiados emitieron una resolución, solicitando a la Asamblea Nacional la destitución de Bolaños Geyer de su cargo de Presidente de la República, por negarse a suministrar la información que lo incriminaba en la comisión de los llamados delitos electorales, comenzó entonces a cambiar sus apreciaciones sobre la justicia nicaragüense y también acerca de la protección que esperaba recibir de conformidad con los términos del pacto Bolaños-Ortega.

Fue entonces y dada su incapacidad para gobernar, que la Asamblea Nacional aprobó una serie de reformas constitucionales que le quitaban facultades discrecionales al titular del ejecutivo. Para entonces, estaba seguro que no pasaría a la historia como el mejor Presidente de Nicaragua, tan sólo le interesaba terminar su período presidencial.

Ordenó entregar 500 mil dólares a la Corte Centroamericana de Justicia, como supuesto pago de contribuciones atrasadas, pero con el compromiso que declararan nulas las reformas constitucionales, lo que dio origen a un peligroso conflicto de Poderes del Estado, teniendo que intervenir hasta el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Sobrevino luego el escándalo del tráfico de migrantes asiáticos por el territorio nicaragüense, la concesión de gran cantidad de visas a bordo e “invitaciones” a colaborar con donaciones para actividades proselitistas de sus engendros políticos a ejecutivos de empresas maquiladoras, apareciendo involucrados el Director General de Migración y Extranjería y el Secretario General de la Corporación de Zonas Francas.

El Director General de Migración y Extranjería, Fausto Carcabelos, declaró públicamente que cumplía órdenes del propio presidente de la república, Enrique Bolaños Geyer, para permitir el tránsito por el territorio nacional de los indocumentados asiáticos, la concesión de las visas a bordo, por lo que ambos han sido acusados de tráfico de influencias y otros delitos, incluyendo el de desacato para el ex-presidente de la república, en uno de los juzgados penales de Managua.

Pero cuando el juez que conoce de la acusación solicitó a la Asamblea Nacional el desafuero del ex-presidente de la República, Enrique Bolaños Geyer, el que ocupa actualmente la que él llamó en tono despectivo la “diputación regalada”, se negó a despojarse voluntariamente de la inmunidad parlamentaria, declarando públicamente, “no lo hago, porque me van a chicharronear”.

Recientemente, presentó un recurso de amparo ante uno de los Tribunales de Apelación de la ciudad de Managua, solicitando que ordenaran a la Contraloría General de la República suspender toda investigación sobre el pago de los 500 mil dólares a la Corte Centroamericana de Justicia. Esto fue ordenado por el propio Bolaños Geyer, para conseguir la resolución de nulidad de las reformas constitucionales, lo que no le valió de nada.

Estos son casos de notoria inmoralidad y carencia total de principios éticos y morales. Cuando los que Bolaños Geyer considera sus enemigos personales, hacen uso de la inmunidad parlamentaria y de los recursos de amparo contemplados en la ley, porque consideran que los Contralores Colegiados han violado sus derechos constitucionales, los califica de “patadas de ahogados”, propias de individuos cobardes, amorales y corruptos.

Pero como dice la canción, la vida es una tómbola, tómbola. Cuando Bolaños Geyer tiene fundados temores de ser procesado y fulminado con un auto de segura y formal prisión por la comisión de una cantidad impresionante de delitos, muchos de los cuales se conocerán de un momento a otro cuando la Contraloría General de la República dé a conocer las nuevas presunciones de responsabilidad penal en su contra, son venganzas políticas de los pactistas, siendo él uno de los mayores pactistas de Nicaragua.

Entonces, quien antes renegaba de la inmunidad parlamentaria y de los recursos de amparo que garantizan las leyes vigentes a todos los ciudadanos que consideran violados sus derechos constitucionales, recurre ahora a ellos, importándole muy poco mantenerse “bajo las enaguas de la inmunidad y los recursos de amparo”.

¡Estos sí que son atributos de una moralidad pública muy sui géneris!

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