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Año 9 No. 2035 Viernes 7 de Marzo del 2008



Mi solidaridad con Arturo

Por Hamlett
trincheradelanoticia@yahoo.es

¡Qué difícil la tarea del embajador Arturo Cruz Sequeira! ¡Qué manera de complicarle su misión en Washington, de la que el diplomático nicaragüense se siente satisfecho, aún con los vaivenes de la política exterior del gobernante sandinista!

De un solo plumazo, el presidente Daniel Ortega ha enredado la madeja con la decisión intempestiva y sin consenso de romper relaciones diplomáticas con Colombia. No lo hizo en el marco del litigio en el mar Caribe ni en el contexto de las arbitrarias detenciones de lanchas pesqueras, ni en el de las incursiones de la armada colombiana en el meridiano 82.

Ortega cortó relaciones diplomáticas por la invasión de Colombia a suelo ecuatoriano, en el que Venezuela tomó partido reforzando su frontera con miles de soldados. Lo hizo cinco días después de que Ecuador y los venezolanos rompieran relaciones con los colombianos y un día después de que la OEA lograra en tiempo récord una resolución aceptada por todos los países del continente, menos Nicaragua, y un día antes de que el Grupo de Río tomara el caso en sus manos.

¿Cuál es la idea del mandatario? ¿Solidarizarse con Venezuela? ¿Darle un respaldo que no ha pedido Ecuador? ¿Meterse en el conflicto para llamar la atención internacional? Me apunto a lo último porque su plan dio resultado: las agencias de noticias destacaron más el rompimiento de relaciones que la visita del ecuatoriano.

¡Qué manera de ayudarle a su amigo! ¿No les parece? Quitarle el protagonismo de su gira internacional con una noticia más novedosa que las repetidas alegaciones del visitante en contra del presidente Álvaro Uribe.

De ningún lado

Cuando Ortega llegue hoy a República Dominicana será el segundo miembro del activo del club de Hugo Chávez Frías quien hace rato viene luchando para inducir el conflicto al máximo posible, la guerra. Todos los demás gobiernos, incluyendo a Brasil, Argentina y Chile están a favor de la salida pacífica al conflicto.

Pero, ¿qué ganamos los nicaragüenses rompiendo con Colombia? ¿Vamos a mejorar nuestra posición en el juicio por la delimitación de nuestras fronteras marítimas? ¿Alguien más nos respaldará en esta loca aventura?

Primero, no ganamos nada excepto dificultar las pocas relaciones comerciales que tenemos con los colombianos y que ya estaban afectadas por el tema de la delimitación de fronteras.

Segundo, nadie más nos va a seguir porque el club de amigos de Hugo Chávez está limitado a Daniel Ortega y Evo Morales, ni siquiera el otro asociado, el presidente boliviano repetirá una locura similar.

Tercero, Ortega le ha asestado un golpe bajo al laborioso esfuerzo de construir un tendido de relaciones personales y diplomáticas entre la administración de Estados Unidos y su gobierno. Esta semana, el director de Centroamérica del Departamento de Estado, John Feeley, contó una anécdota que revela el grado de acercamiento que ha logrado el embajador Arturo Cruz Sequeira con el Subsecretario de Estado Thomas Shannon, cuando éste movió sus teclas para evitar que los roces en el Meridiano 82 pasaran a más.

Reciprocidad

El presidente Ortega estaba obligado, en estas circunstancias, a ser recíproco y hasta elegante devolviendo a Shannon su mediación silenciosa, simplemente respaldando la resolución de la OEA, por demás aceptada por Ecuador, y que está ayudando a evitar la conflagración militar.

Al menos debíamos haber devuelto el gesto norteamericano con uno similar. Como dirían en mi pueblo “nobleza obliga”.

Todos sabemos que Colombia está en la niña de los ojos de la Casa Blanca y aunque no por ello debemos cegarnos ante la violatoria incursión colombiana en Ecuador, o quedarnos callados, al menos debemos ser parte de la solución y no del problema.

Todos sabemos el concepto de solidaridad del presidente Ortega y no debe asustarnos que sea consecuente con lo que predica, pero en situaciones como estas, sumamente delicadas no hay lugar para las equivocaciones, las relaciones cínicas ni para las medias tintas. Nicaragua no puede tomar bando en un pleito de vecinos porque de alguna forma, en algún momento, ellos tendrán que arreglar sus problemas porque están unidos por geografía e historia.

Recordemos que lo que hoy es Venezuela, Colombia y Ecuador fueron una sola nación y que el libertador Simón Bolivia fue presidente de los colombianos. Hay muchos lazos que no alcanzamos a comprender y que pesan en situaciones como estas.

Les guste o no, Alemán nos dio la pauta

El ex presidente Arnoldo Alemán demandó a Colombia en La Haya cuando se dio cuenta de que esa nación estaba usando a nuestros vecinos para conspirar contra nuestra soberanía e integridad territorial. El líder liberal no sólo unió esa vez al país si no que se quedó con la razón histórica.

En el otro conflicto, nadie más que Nicaragua y Costa Rica –en las cortes internacionales- deben resolver el absurdo reclamo tico por la navegación en el San Juan porque nos bastamos para resolver el problema sin llegar a las armas.

Y si eso es lo que queremos de los vecinos en este tema, que no se metan como nosotros no debemos hacerlo en el pleito de los sudamericanos.

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