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Año 9 No. 2036 Lunes 10 de Marzo del 2008



Política exterior al gusto de Ortega

Lo que sucedió este fin de semana probablemente dejó atónitos a unos cuantos y no es para menos.

Mientras el canciller de Nicaragua, Samuel Santos preparaba y entregaba la carta al embajador colombiano en Managua para que abandonara el país, el presidente Ortega daba marcha atrás en su decisión de romper relaciones diplomáticas con Colombia.

Lo que quedó en evidencia es que Ortega no consulta sus decisiones, aún las de política exterior que son más delicadas, con nadie y estamos al vaivén de las emociones o recomendaciones que reciba de su club de amigos, encabezados por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

En cualquier país normal que se rija por el respeto entre funcionarios, el canciller estaría ofendido porque prácticamente quedó en ridículo porque al menos Ortega debió participar sus intenciones para retrasar la carta.

¿Y que tal que el embajador colombiano hubiese empacado ese mismo día sus maletas?

La rapidez con que Ortega hizo y deshizo en la Cumbre de Río en República Dominicana nos dejó claro que a la única persona que seguramente consulta es a la primera dama, Rosario Murillo, quien por cierto estaba pegada al mandatario, aunque fue notorio que ninguna de las esposas de los demás mandatarios acostumbran llegar a esas cumbres.

Estaba solo

El ex canciller y diputado liberal, Francisco Aguirre, señaló que Ortega se dio cuenta que se estaba quedando solo en su decisión de romper relaciones con Colombia y dio marcha atrás en algo que nunca debió haber hecho.

Indicó que aunque Ortega rompió y reanudó las relaciones en menos de 24 es aceptable y que seguramente no llevaba ninguna estrategia en mente.

“Me imagino que él vio que estaba predominando la cordura y deshizo lo que nunca debió haber hecho”, comentó el ex canciller.

El legislador, había razonado poco antes que lo peor que podía pasar en la región es que se desatara una carrera armamentista y había advertido el efecto que podría tener este pleito en el precio del petróleo del que Nicaragua es altamente dependiente.

Recordó que Ecuador y Venezuela producen 3.5 millones de barriles de petróleo al día y que una escalada en esta crisis pudo haber traído consecuencias impredecibles.

Calentura ajena

Todo esto por sudar calentura ajena porque es cierto que hay un predominio de la solidaridad entre los países, en este caso Ortega actúa empujado por el eje de países que se declaran contra el imperialismo, liderados por Chávez.

Por cierto, el presidente venezolano, lució siempre su sonrisa sardónica y es innegable que goza recibiendo la atención de los medios de comunicación.

En cambio Correa parecía de esos niños malcriados que se quejan con la maestra y amenazan al compañero con esperarlo a la salida. Ni siquiera a la hora del saludo pudo dejar la mala cara.

Que cosas y pensar que seguramente los eligieron en sus países, por ser personas razonables y buenos políticos.

Y si de buenos políticos hablamos tenemos que referirnos al presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez. El hombre jamás perdió la calma a pesar de ser bombardeado por el grupo de Chávez.

Supo explicar y responder como un verdadero estadista. A la hora de repartir los abrazos, fue notorio ver la insistencia de Chávez para también le diera uno al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

Chávez se miraba disfrutando el momento y quería que su amigo Daniel lo compartiera. Falta por ver ahora que tanto dura el entendimiento porque sino nos atenemos a la forma como actúa este grupo de amigos pues se puede esperar cualquier cosa.

Por fin una cumbre con resultados

Hace muchos años, un profesor de periodismo decía que estas cumbres eran las peores notas periodísticas porque generalmente no producían resultados pero la de Río fue la excepción y el honor sin duda se lo llevó el anfitrión, Leonel Fernández, presidente de República Dominicana.

Fue una buena manera de despedirse de la presidencia, porque Fernández la traspasó a su par de México, Felipe Calderón.

Bien por la Cumbre de Río que sin este pleito hubiese pasado como tantas cumbres más que se celebran durante el año y terminan con la consabida foto de todos los participantes.

La chaqueta “chocolita”

Ni siquiera para viajar al exterior, Ortega deja su chaqueta color “chocolita” como se la han bautizado en Nicaragua. El mandatario dejó la camisa blanca que parecía casi un uniforme y ahora viste rosado y la infaltable chaqueta.

Únicamente en la bienvenida al presidente de Ecuador, Rafael Correa se le vio sin la chaqueta y otra vez con la camisa blanca.

¿Será que sigue los lineamientos de los astros y su horóscopo para vestirse con esos colores?

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