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Año 9 No. 2037 Martes 11 de Marzo del 2008



No toquen el tipo de cambio

Por Néstor Avendaño
Director de COPADES

Mi consejo a las autoridades nacionales es que no toquen el tipo de cambio, mucho menos la política cambiaria, con el afán de reducir la tasa de inflación, que la preveo de dos dígitos, cercano al 13% en 2008, inmersos en un escenario con grave riesgo de recesión económica en Estados Unidos, debilidad progresiva de la divisa estadounidense y precios del barril de petróleo sobre la barrera de los 100 dólares.

Reducir la tasa de deslizamiento de 5% anual del tipo de cambio oficial a 4% ó 3% anual significaría un mayor deterioro del ingreso real de los exportadores y una mayor tasa de ganancia real para los importadores. Si la tasa de devaluación nominal de 5% del córdoba contribuyese con 5 puntos porcentuales en la formación de la tasa de inflación, o sea suponiendo una relación de 1 a 1 entre ambas tasas, ¿cómo se mejoraría el tipo de cambio real (o en precios constantes, o sea en córdobas de 1999 por un dólar en precios de 1999) si la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio disminuyese en 1 punto porcentual? No mejoraría y, muy probablemente, el dólar saldría más subvalorado y el córdoba aumentaría su sobrevaloración en detrimento del esfuerzo exportador, el cual en la actualidad se ve estimulado sólo con incentivos tributarios.

Hubiese sido mucho más interesante que el Banco Central hubiese invitado el pasado viernes 7 de marzo a expertos en macroeconomía para discutir el proceso del desmantelamiento de todos los mecanismos de indexación con respecto al precio de la divisa estadounidense y establecer una apropiada contabilidad de costos en el país, o sea la antesala para eliminar el rezago cambiario y promover la diversificación y aumentar el volumen de las exportaciones. Esos mecanismos aumentan la inflación más dinámicamente que la inflación estrictamente de costos motivada por la devaluación del córdoba, porque los componentes tanto importado como local de dichos costos están plenamente indexados al movimiento del tipo de cambio. Por supuesto, la eliminación de dichos mecanismos es una condición necesaria para recordobizar o dolarizar oficialmente nuestra economía y también para establecer el régimen de tipo de cambio flotante que pretende el Fondo Monetario Internacional en Nicaragua desde el 19 de agosto de 1999.

La cláusula de mantenimiento impuesta durante la Administración de la Sra. Violeta Barrios vda. de Chamorro, con el argumento de “fortalecer la confianza de los depositantes en el sistema financiero nacional”, provocó una excesiva dolarización extraoficial en nuestra economía, lo cual no es sinónimo de estabilización macroeconómica, y ha impedido a la banca central utilizar el tipo de cambio como un instrumento para contrarrestar los choques externos en un escenario de globalización económica y también ha dificultado la administración de la política monetaria con tres monedas imperantes en el país: el dólar estadounidense, que domina el 66% del mercado; el córdoba con mantenimiento de valor, un dólar disfrazado, que interviene en el 16% del el mercado; y el córdoba sin mantenimiento de valor que apenas participa con el 18% en el mercado. Y no olvidemos que en Nicaragua la inflación se mide en córdobas, o sea con una moneda con escasa presencia en nuestro mercado.

Eliminar los mecanismos de indexación significa eliminar la formación de precios internos en córdobas en función exclusiva del valor de la divisa estadounidense. Por ejemplo, desaparecería la cláusula de mantenimiento de valor, el mecanismo de la indexación de los precios de los combustible con respecto al precio internacional de los mismos y del tipo de cambio porque hay un componente de costos locales en dicha industria, los precios de la energía eléctrica en función del precio internacional del bunker y del diesel y del tipo de cambio, la formación de los salarios de los altos cargos del sector público y del sector privado, la formación de precios en dólares de bienes raíces y bienes inmuebles, en fin todos los precios dolarizados en la economía nacional. Se reglamentaría la distinción en los costos de producción de los componentes importados y los componentes locales y, por ende, su impacto diferenciado en los costos de producción. Se racionalizaría la contabilidad de costos y se facilitaría la reducción de la sobrevaloración del córdoba o de la subvaloración del dólar estadounidense a favor de las exportaciones. La política cambiaria sería restrictiva para las importaciones ante la presencia de choques externos.

La inflación en nuestro mercado no es resultante de un manejo inapropiado de la política monetaria y se explica principalmente con los precios internacionales de los hidrocarburos y con el problema estructural de nuestro mercado energético, en el cual el 80% de la energía eléctrica se genera con el consumo de hidrocarburos. La política cambiaria no va a resolver los problemas estructurales que padece nuestra economía, tales como la baja escolarización de la población que incide en una baja productividad laboral, las altas tasas de interés del sistema financiero nacional que no son competitivas ni propician el crecimiento económico del país, y los rezagos tecnológicos de gran parte de las micro y pequeñas empresas del país. Con el tipo de cambio no se resuelven estos problemas que impiden el fortalecimiento de la competitividad empresarial.

En este escenario, estamos indefensos ante la presión inflacionaria de dos dígitos. En una economía muy dolarizada extraoficialmente como es la de Nicaragua, la debilidad del dólar estadounidense ahoga a los asalariados, eleva los costos de operación de todas las empresas y provoca un mayor encarecimiento del costo de la vida. Este problema no se resuelve disminuyendo en 1 ó 2 puntos porcentuales la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio ni adoptando un nuevo régimen cambiario. Sería más importante preparar las condiciones que conduzcan a la recordobización (lo más probable con el pensamiento político de la actual administración pública) o a la dolarización oficial de la economía (si la población la pide, por ejemplo, en un plebiscito). Mientras tanto, las empresas deberían abocarse a reducir costos de producción, mejorar la infraestructura tecnológica de la empresa, facilitar el aumento de la productividad laboral y mejorar la capacidad de dirección de la empresa. En este escenario, no es suficiente el concepto de la responsabilidad social empresarial.

8 de marzo de 2008

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