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Año 9 No. 2039 Jueves 13 de Marzo del 2008 | ||||||||||||
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Malos “consejeros” Por Hamlett
La Conferencia Episcopal de Nicaragua reunida en La Cartuja, Matagalpa, analizó con suma preocupación el grave deterioro de las condiciones económicas especialmente el disparo de la inflación y su impacto en los más pobres, que son los más y los que tienen menos en nuestra sociedad. Lo ha dicho en muchas ocasiones y por más de 20 años el cardenal Miguel Obando y Bravo, “el hambre es mala consejera”. Y esta vez, lo que tampoco es nuevo, los nicaragüenses nos alistamos a votar con el estómago vacío. Monseñor Juan Abelardo Mata declaró a Trinchera de la Noticia que “vivimos la experiencia de un país dividido” mientras la nación grita a voz en cuello que quiere, necesita, la unidad integral. Los obispos han escuchado a los fieles católicos diciendo que están dispuestos a votar para enviar “una señal al gobierno” para que corrija el rumbo equivocado. Monseñor Mata Guevara agregó que “tocarle el bolsillo y el estómago” a los ciudadanos es peligroso. Por su parte, Monseñor Bosco Vivas Robelo agregó que los obispos “estamos preocupados por la situación política” rogando que “estas elecciones sean tranquilas en el sentido de que cada uno emita el voto y que el voto sea respetado”. Perdimos el rumbo Para algunos hablar de la pobreza es escuchar el sonido de la lluvia, para la mayoría es un tema necesario. En junio de 2004, un informe del Banco Mundial concluyó que la pobreza había disminuido entre 1992 y 2001 aunque “más de dos tercios de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza”. La pobreza general, a ese año, había caído del 50.3% al 45.8% en 2001, el último del gobierno del doctor Arnoldo Alemán. Sin embargo, la extrema pobreza “sigue siendo abrumadoramente rural, donde más el 25% de la población sigue luchando para sobrevivir con menos de un dólar al día”. Amparo Ballivián, Gerente del Banco Mundial para Nicaragua, hasta el año 2007, anti liberal y pro bolañista como lo demostró en muchas ocasiones y de innumerables maneras, declaró hace cuatro años: “Los avances obtenidos por Nicaragua en la lucha contra la pobreza durante la última década son alentadores, pero nos damos cuenta de que aún hay mucho por hacer, especialmente en mejorar las condiciones de los pobres en las áreas rurales”. Preguntémonos ¿qué hicimos bien en esa década para bajar en casi un cinco por ciento porcentual los índices de miseria? ¿qué debemos hacer para recuperar ese ritmo de éxito sobre la pobreza y más importante aún para volver a crecer a 7% anual, como mínimo? Simplemente perdimos el rumbo y nadie lo ha podido recuperar. Aprovechar el momento Es curioso, aunque a muchos les cueste creerlo hoy en día o se tapen los oídos para no saber la verdad, parafraseando el rótulo que Alemán puso en el tramo que une Nejapa con la carretera sur cuando algunos dueños se opusieron a la ampliación de la vía, que hasta ese año, 2001, llegó el progreso. Tenemos seis años, cinco de Enrique Bolaños y uno de Daniel Ortega, que no crecemos lo suficiente para continuar bajando los niveles de pobreza. La Nueva Era jamás llegó ni siquiera al 5% de crecimiento en alguno de los cinco años de su periodo. Ortega tampoco alcanzó el 4% en su primer intento. Los últimos dos años han disfrutado de una situación muy compleja. Es cierto que los precios del petróleo se han disparado arriba de los 100 dólares, pero los precios de los commodities nicas (sobre todo café, carne, granos) han subido en mayores proporciones en los mercados internacionales. Parafraseando a Juan Luis Guerra, teníamos años de que no “llovía café en el campo” y lamentablemente estamos perdiendo la oportunidad de que la incidencia de ese dinero fluya directamente al campo y no a los parásitos citadinos. Si el gobierno y la empresa privada trabajaran en un sistema de distribución (precios, mercadeo, diversificación de mercados, etc.) del frijol, por ejemplo, pronto cientos de miles de cultivadores del grano rojo empezarían a sentir una considerable mejoría financiera. Entre 1993 y 2001, según el Banco Mundial, la”pobreza extrema aumentó en 5,7% en la región rural central dependiente del café, lo cual es un claro ejemplo de la gran vulnerabilidad de algunas poblaciones a las crisis que afectan a los productos básicos”. Es democracia El café está a $160 el quintal en los mercados internacionales y el reto es que los caficultores sepan compartir su repentina ganancia con los cortadores y otros trabajadores del sector. Esto es la democracia, la capacidad de distribuir con justicia la riqueza, en un ambiente de libertades plenas. |
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