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Año 9 No. 2044 Viernes 28 de Marzo del 2008



Las asesorías de Bolaños Davis

Por Ernesto Fernández T.

Recién electo presidente de la república, gracias a los votos de más de 1 millón 200 mil liberales, a Enrique Bolaños Geyer le preguntaron algunos periodistas qué opinaba del nepotismo y si consideraba que era una forma de corrupción. Su respuesta reveló que pensaba ubicar en cargos de gran rentabilidad gubernamental a la mayoría de sus familiares.

Con el mayor descaro declaró que si los familiares carnales y políticos del presidente de la república desempeñaban los cargos públicos con competencia profesional y honestidad administrativa, el nepotismo era muy bueno. Pero que si recurrían a actos reñidos con la moral y las buenas costumbres, entonces sus nombramientos podían considerarse como actos de corrupción.

Bolaños Geyer consideró tan bueno el nepotismo, que más de 70 familiares carnales y políticos fueron ubicados en los ministerios de estado y entes autónomos, donde percibían jugosos salarios, teniendo asignados a su servicio camionetas 4-Runner con chofer y asignaciones de 100 galones mensuales de combustible.

Alejandro Bolaños Davis, el que constantemente se mantiene pregonando las excelencias de la honestidad y de la probidad administrativa, no se quedó corto ni perezoso durante el pernicioso gobierno de la Nueva Era, el mismo que encabezaba su tío carnal, Enrique Bolaños Geyer.

Uno de los cargos que le encomendaron fue el de “asesor de los miembros del gabinete pleno ampliado”, devengando por estas actividades la bicoca de 8 mil dólares mensuales, más una camioneta 4-Runner con chofer y los respectivos 100 galones mensuales de combustible.

Los días sábados de cada semana, Bolaños David citaba a unos cuantos integrantes del mencionado Gabinete Pleno Ampliado, para que concurrieran al Salón de Gabinete de Casa Presidencial, a las 8:00 a.m. Alejandro Bolaños Davis aparecía cumplidamente, presentándose como doctor en Administración de Empresas con especialidad en casos de gobierno. Lo primero que hacía era hablar sobre los intercambios monetarios, charlas intrascendentes que tan sólo hacían perder el tiempo a los que se encontraban por órdenes presidenciales en el mencionado salón de Casa Presidencial.

Una sesión típica de su “asesoría-entrenamiento” transcurría más o menos en los siguientes términos. Bolaños Davis se sacaba un billete de C$10.00 y preguntaba si alguno de los presentes andaba otro. El primero que sacaba otro billete de igual denominación, lo intercambiaba con el que tenía en la mano Bolaños Geyer, procediendo ambos a introducirlo en sus respectivos bolsillos. Después, el presunto conferencista, preguntaba, ¿qué hemos ganado con este intercambio? Lógicamente, todos los presentes respondían, absolutamente nada.

Seguidamente, como los magos que se sacan un as oculto debajo de la manga de la camisa, Bolaños Davis confirmaba. Efectivamente, no hemos ganado nada. Pero a continuación pónganse todos ustedes a intercambiar ideas; exponga cada quien a su vecino lo que está haciendo en el ministerio o ente autónomo que maneja, prometiendo regresar más tarde.

Cuando faltaban 10 minutos para el mediodía se aparecía con una amplia sonrisa de oreja a oreja y preguntaba, ¿intercambiaron impresiones sobre lo que están haciendo en los despachos que manejan del gobierno de la Nueva Era? Cuando escuchaba las respuestas afirmativas, cerraba tan brillante ciclo de conferencias y asesoría afirmando que de esa manera cada quien había enriquecido su bagaje intelectual y estaban en condiciones de reintegrarse a su respectivo despacho el lunes de la siguiente semana con ideas frescas.

Los asistentes a estas farsas disfrazadas de conferencias y asesorías de grupos se quejaron que eran verdaderas estafas intelectuales y que únicamente les hacían perder el tiempo, ya que los sábados acostumbraban descansar y salir con sus familias para disfrutar de un merecido esparcimiento.

Estas conferencias las continuaron con personal subalterno tanto del Gobierno Central como de los entes autónomos, para justificar el jugoso salario y prebendas disfrutadas por Bolaños Davis hasta el final del Gobierno de la Nueva Era. Pero no terminaban ahí los negocitos de este farsante.

También tiene un centro de esparcimientos en las cercanías de Santo Domingo, conocido como “El Laurel”, donde fundó un restaurante. Para las recepciones que se daban en Casa Presidencial, encargaban a este negocio de Bolaños Davis todos los bocadillos y comidas que se servían en las reuniones y banquetes de la Casa de Gobierno, sin respetar la Ley 323 o Ley General de Contrataciones del Estado.

Bolaños Davis carece de autoridad moral para criticar a los dirigentes del liberalismo, ya que su única función hasta el presente ha sido contribuir a la división del voto antisandinista, facilitando triunfos en el pasado del FSLN en comicios municipales de autoridades generales. Triste tarea, pero muy rentable al fin y al cabo.

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