Inicio Portada Al Cierre Nacionales Cortas Sedita Room Primera Mano Gossip Galería
Año 9 No. 2068 Viernes 2 de Mayo del 2008



Ortega y Borge en las muertes de Ana María y “Marcial”

  • La verdad comienza a salir en una escabrosa pasada de cuentas entre “revolucionarios”
  • Humberto Ortega y Tomás Borge colocaron a Salvador Cayetano Carpio en un callejón sin salida: le exigieron entregar los archivos de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) como parte de la investigación sobre el crimen de Mélida Anaya Montes.
  • Carpio se negó a hacerlo y tras cinco días sin dormir, se suicidó en la casa donde estaba detenido

Por Rafael Menjívar Ochoa (*)
Primera parte 

Salvador Cayetano Carpio, el comandante “Marcial”
A primeras horas de la tarde, el 12 de abril de 1983, Salvador Cayetano Carpio, el comandante “Marcial”, salió hacia su casa en la urbanización Las Colinas (de Managua) luego de una reunión con el jefe del Ejército Sandinista, Humberto Ortega, y el ministro del Interior de Nicaragua, Tomás Borge. Había llegado como primer responsable de las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), y salió bajo arresto, rodeado por agentes de la Seguridad del Estado y efectivos del Ejército Popular Sandinista.

La noticia del arresto la conocieron algunos de sus allegados.

Le propusieron activar un plan de contingencia que estaba preparado desde hacía algún tiempo: una operación armada para sacarlo de su casa junto con su esposa, Tula Alvarenga, para luego trasladarlo clandestinamente a Chalatenango, donde podría seguir como dirigente indiscutido de su organización, la mayor y más poderosa del FMLN.

El plan se había fraguado en enero anterior, luego de que las tesis de Carpio acerca de la guerra fueran derrotadas en la Comisión Política de las FPL por la fracción que encabezaba Mélida Anaya Montes, la comandante “Ana María”, asesinada seis días atrás. Era casi seguro el desplazamiento de “Marcial” de la jefatura de su organización, pero aún faltaban algunos meses para que se produjera, y había en marcha un plan que cambiaría radicalmente el curso de la revolución salvadoreña.

Aunque la liberación y fuga de “Marcial” parecía factible, éste se negó. Nadie supo el motivo, pero hay un dato importante: para ese momento, Carpio llevaba cinco días sin dormir. Había pasado en incontables reuniones, y la última no había sido la más fácil.

Un exilio rojo

Salvador Cayetano Carpio, el comandante “Marcial”
Humberto Ortega y Tomás Borge le mostraron, durante la reunión, las pruebas de que gente manejada por Rogelio Bazzaglia, comandante “Marcelo”, responsable de inteligencia de las FPL, había perpetrado el asesinato de Ana María. En el primer comunicado acerca del suicidio de “Marcial” se aseguró que éste se había matado abrumado por la noticia de que alguien tan cercano había sido el culpable.

Según otras fuentes, el asunto no fue tan sencillo. Durante la reunión, los comandantes sandinistas le dijeron a Carpio que la investigación seguía abierta, y que esperaban su cooperación. Como primera medida, le exigieron que entregara los archivos de las FPL. “Marcial” se negó: significaba entregar a toda una organización clandestina y en lucha a gente extraña.

Las presiones de los sandinistas no se hicieron esperar. En un principio le dijeron que, si no cooperaba, podían acusarlo de proteger a los asesinos, y que eso tendría consecuencias para su imagen y para la revolución salvadoreña. “Marcial” siguió negándose, y entonces los sandinistas le advirtieron que, si no entregaba los archivos, lo acusarían de ser el autor intelectual del crimen, y el daño para él y para su lucha sería irreparable. Al ver que la negativa continuaba, apostaron a la carta mayor.

Debía entregar los archivos y, mientras se realizaba la investigación, retirarse de su cargo. No se daría a conocer al público, incluso si se encontraba evidencia en su contra, y seguiría apareciendo como el jefe máximo de su organización. Su firma iría en los comunicados de las FPL y del FMLN. Durante ese tiempo, él y su esposa vivirían en un “país amigo”, alejado del centro de las cosas políticas salvadoreñas –es decir Managua–, y se mencionó a Cuba y Alemania Democrática como destinos probables.

Parte de los datos anteriores los confirma Salvador Sánchez Cerén en el libro “Con la mirada en alto”, de la chilena Martha Harnecker, y precisamente él era uno de los interesados en que “Marcial” entregara los archivos: era uno de los más cercanos a “Ana María”, y terminaría sustituyendo a Carpio.

Según Sánchez Cerén, en cierto momento “Marcial” se negó a seguir hablando. Fue entonces que lo colocaron bajo arresto, que debía cumplir junto con su esposa, quien también tenía una larga carrera como dirigente política desde hacía cuatro décadas.

Luego de llegar a su casa y de hablar con algunos militantes de las FPL, Marcial se dedicó el resto del día a escribir dos o tres cartas (aún no se sabe con exactitud). Por lo menos una de ellas era su carta de suicidio, que se reproduce junto con esta nota.

Un asunto político

Hasta ahora, las FPL y el FMLN han tratado de presentar el “caso Marcial–Ana María” como un asunto de carácter policial, hasta el grado de presentar a Carpio como un megalómano que asesinó a una rival que quería desplazarlo, y no mucho más que eso. Y el desplazamiento era casi seguro, al menos de los órganos de dirección de las FPL, y el plan de sacarlo a Chalatenango estaba listo para cuando ocurriera: en Managua, Carpio estaba a expensas de los sandinistas; en Chalatenango se movería en su territorio y bajo sus reglas.

Había además otras fuerzas y gobiernos que también querían el desplazamiento de “Marcial”, y que apoyaban a “Ana María” y su gente para sacarlo del mapa. Las pugnas más fuertes se habían producido tras la derrota de la “ofensiva final” de enero de 1981, promovida por las otras fuerzas del FMLN, y sólo en parte por las FPL. (Hay información al respecto en el libro “Tiempos de locura. El Salvador 1979–1981”, del autor de estas líneas, publicado por FLACSO en 2006, y de próxima reaparición.).

Tras las enseñanzas de la derrota, “Marcial” preparaba desde hacía menos de un año el lanzamiento de una nueva ofensiva militar, que debía ocurrir en algún momento entre agosto y octubre de 1983. Era esto lo que le urgía detener al sector de “Ana María” y a las demás organizaciones del FMLN, en aras de una negociación.

El último intento por frenar a Carpio “por las buenas” había sido una serie de reuniones convocadas por Fidel Castro en La Habana, en diciembre de 1982. Es probable que allí se sellara el destino de “Marcial”, y quizá también el de “Ana María”.

Comente Esta noticia
Nombre:
Correo Electronico:
Teléfono:
Comentario:
Destinatario:
 

Inicio : Información de Contacto
CopyRight® Trinchera de la Noticia, Managua. Tel. (505) 2400114, info@trinchera.com.ni