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Año 9 No. 2069 Lunes 5 de Mayo del 2008



Primero... silencio y luego, el balazo

--- Marcial muere después de desafiar a Cuba y a Fidel Castro y antes de que se intentara derrumbarlo de su cargo de líder guerrillero

--- Carpio fue absuelto del asesinato de Mélida Anaya, pero ese dato el FMLN nunca lo informó

---A Mélida le quitaron la seguridad tres semanas antes de morir

Por Rafael Menjívar Ochoa
Segunda parte

Tras el fracaso de la “ofensiva final” contra la Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG), en enero de 1981, todas las fuerzas del FMLN se plantearon la necesidad de una negociación. Pero no todas la entendían de la misma manera, ni buscaban los mismos objetivos.

Habían dos posiciones bien marcadas. La del sector de las FPL controlado por Salvador Cayetano Carpio, comandante “Marcial”, hablaba de sostener e, incluso, intensificar la guerra mientras se negociaba, como había ocurrido unos años antes en el conflicto de Estados Unidos contra Vietnam. Las pláticas, al final, sirvieron para negociar la retirada estadounidense de Vietnam del Norte, en 1973, y del Sur, en 1975. El fin era la creación de un régimen socialista, encabezado por obreros y campesinos, y apoyado por capas medias, como estudiantes, pequeños empresarios, intelectuales y sectores “progresistas”.

La otra posición, sostenida por el Partido Comunista Salvadoreño, dirigido por Schafik Handal, y seguida por las demás organizaciones, incluido el sector de “Ana María”, era más moderada. Buscaba una negociación inmediata, que podía incluir una tregua, y la formación de un gobierno de amplia participación.

Aunque todo el FMLN apoyaba esta posición, incluida una parte de las propias FPL, “Marcial” controlaba más de la mitad de todos los efectivos guerrilleros, incluidas las Unidades de Vanguardia, un pequeño ejército regular –que después de su muerte sería desarticulado– formado por los mejores combatientes, sin contar las milicias.

Desde mediados de 1982, “Marcial” había encargado a sus asesores varios estudios políticos y militares para determinar si era posible lanzar y ganar una nueva ofensiva, y si ésta podía ser sostenida solamente por las FPL. Para finales de 1982 le aseguraron que era posible bajo determinadas circunstancias. Ordenó entonces un plan que estaría listo para los últimos días de marzo o los primeros de abril, y ya desde 1980 contaba con una plataforma de gobierno, la misma que debía instrumentarse de triunfar la ofensiva de 1981.

Según los resultados de los estudios, la ofensiva podía lanzarse entre agosto y octubre de 1983. Los preparativos incluían una serie de movimientos diplomáticos, y es probable que entre ellos estuviera la gira que realizaba en el momento del asesinato de “Ana María”.

COSAS DE SALVADOREÑOS

Pero, en diciembre de 1982, Fidel Castro convocó a una serie de reuniones en La Habana a los dirigentes del FMLN: Eduardo Sancho por la Resistencia Nacional, Joaquín Villalobos por el Ejército Revolucionario del Pueblo, Schafik Handal por el Partido Comunista y Francisco Jovel por el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos. Las FPL contaban con una doble representación: Salvador Cayetano Carpio y, por el sector de “Ana María”, Salvador Sánchez Cerén.

Además de Castro, en las reuniones estuvieron presentes por el lado cubano, entre otros: Manuel Piñeiro, encargado de América Latina; el encargado para El Salvador, de pseudónimo “Ibrahim”, y el embajador en Nicaragua, que respondía al nombre de “Martín”. Se presionaría a “Marcial” para que se sumara a la posición del resto del FMLN y se buscara una negociación desde posiciones menos “duras”. Según algunas versiones, se le obligó a firmar un documento en el cual aceptaba un compromiso.

Sin embargo, lo que se planteó a “Marcial” fue más crudo aún: la revolución salvadoreña no podía triunfar militarmente, y más bien el mensaje era que no debía hacerlo, bajo el riesgo de una invasión estadounidense a El Salvador, pero también a Nicaragua y quizá a Cuba. El mensaje de Fidel Castro era que había que salvar lo que se pudiera de la revolución salvadoreña, nada más, y que sobrevivieran la cubana y la nicaragüense. Según testigos, “Marcial” agradeció el consejo, dijo que los asuntos salvadoreños los resolvían los salvadoreños y se retiró.

Las presiones venían de más lejos que La Habana. Pese a lo que se decía, la Unión Soviética siempre estuvo en desacuerdo con la lucha armada en El Salvador, la posición que sostenía el Partido Comunista.

Excepto las FPL, las organizaciones del FMLN dependían de Cuba y países cercanos a la URSS para sobrevivir. “Marcial”, a pesar de que se le acusaba de ser un comunista intolerante, obtenía ayuda de lugares ajenos a la órbita soviética: Al Fatah, de la Organización para la Liberación de Palestina, de línea socialdemócrata; Yugoslavia, la “oveja negra” del mundo socialista; Libia, abiertamente antisoviética, y diversos países europeos y latinoamericanos más cercanos a la socialdemocracia. “Marcial” podía darse el lujo de desairar al gobierno cubano, y eso hizo.

Quedaba la posibilidad de desplazarlo de la jefatura de las FPL, y en efecto sus tesis fueron derrotadas en los órganos de dirección, cooptados por el sector de “Ana María”, a principios de 1983. En abril debía reunirse el Consejo Revolucionario de las FPL, y allí “Marcial” sería destituido. A través de una serie de maniobras, logró que se aplazara hasta agosto siguiente, la fecha aproximada para la cual se consideraba el lanzamiento de la nueva ofensiva, con el resto del FMLN o sin él. (Si era factible o no es un tema que escapa al alcance de este breve recuento.)

UN FINAL SIN EPÍLOGO

En abril de 1984, un año después del suicidio de “Marcial”, el juez que condenó al comandante “Marcelo” declaró a petición del abogado defensor que, “...de conformidad con el art. 186 del Código de Instrucción Criminal, en razón de su fallecimiento debe sobreseerse definitivamente en la presente causa a Salvador Cayetano Carpio (Marcial), mencionado por la Procuraduría Penal como autor intelectual del delito investigado. Siendo opinión de esta autoridad que se adhiere a lo expresado por el defensor Gutiérrez Mayorga en su escrito de defensa, que no fueron aportadas pruebas en el proceso que respalden tal imputación.”

En otras palabras, Salvador Cayetano Carpio fue declarado inocente (o más correctamente “no culpable”) del asesinato de Mélida Anaya Montes.

A pesar de todas las investigaciones de los sandinistas y las FPL, la autoría intelectual sólo pudo ser atribuida a Rogelio Bazzaglia. Es un dato que el FMLN nunca dio a conocer, y hasta la fecha.

Como resultado de la muerte de “Marcial”, mientras tanto, la mayor parte de sus colaboradores y seguidores, los que no se sumaron a la “nueva línea”, dirigida por Salvador Sánchez Cerén, fueron expulsados, y existe el rumor de que muchos fueron “purgados” a través de las acciones de “Mayo Sibrián”, el comandante psicópata de la zona paracentral, responsable del asesinato de al menos un millar de militantes y colaboradores. Otros, como su esposa, fueron enviados a Cuba en un virtual arresto; otros simplemente se retiraron, y sólo unos cuantos trataron de formar nuevas organizaciones, que se esfumaron en poco tiempo.

Había el rumor insistente, en los días del asesinato de “Ana María”, de que los sandinistas le habían colocado un dispositivo de vigilancia especial, que incluía a militares y perros bien entrenados. Tres semanas antes del crimen, se dice, el dispositivo fue retirado sin mayores explicaciones. Pero esto no hay nadie vivo que pueda o que quiera confirmarlo. Sería como decir que alguien dejó a la comandante a la absoluta merced de sus asesinos.

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