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Año 9 No. 2075 Martes 13 de Mayo del 2008



Guerra de bolas

Por Hamlett
info@trincheradelanoticia.com

Somos un país muy volátil y además cuechero. Con la facilidad con que nos quitamos la camisa y retamos a cualquiera a salir a media calle a resolver un problema a trompadas así nos tragamos cualquier tapazo. Nos encanta el cuecherío y lo peor de todo es que de boca en boca, los tapazos van adquiriendo cierta credibilidad hasta que son “cosas ciertas”. La credibilidad de muchas personas serias le da una fortaleza a los cuentos que suelen llegar a los demás con una cuota de “valor agregado” que hace dudar a cualquiera.

El pasado fin de semana, personas de mucho peso político en el país y de dinero andaban alarmados con la historia de que el lunes sería anunciada una devaluación del 25%. Gente que entiende que una devaluación no es una decisión que pueda tomarse así por así, comentó a sus amigos que el córdoba sería devaluado al C$25.00 ó C$28.00 córdobas por dólar.

Y no es que sea descartable esa posibilidad, al paso que vamos, si no hay acuerdo con el FMI, si el Fondo congela los cien o un poco menos de millones de dólares que dispuso para la libre convertibilidad de la moneda, por el mal manejo de la crisis nacional, por el paro del transporte, por el disparo de los precios del petróleo y la incapacidad gubernamental podríamos llegar a enfrentar una posibilidad semejante. Pero eso no es hoy ni mañana.

Como bien dijo el ministro de Transporte, Fernando Martínez, si hasta al dólar le pasan vainas como esas. Hace unos pocos años, usted iba con un mil dólares a Europa y se lo recibían uno a uno, excepto en Gran Bretaña. Pero hoy en día usted recibe 0.60 euros por cada dólar de los Estados Unidos.

¿De dónde salió el tapazo de la devaluación? No creemos que hayan sido los empresarios o los partidos políticos. Debemos ser francos, esa capacidad maquiavélica no la tiene ni el PLC.

¿Recuerdan quién fue el único líder de un partido político que quebró un banco con un tapazo? El único ha sido el actual presidente Daniel Ortega, qu ien andaba tan dolido con el cierre de Interbank por su mal manejo que salió en esos días a la plaza para anunciar que el Banic iba a cerrar y que mejor sacaran el dinero de allí. Al día siguiente filas intercaminables, como hormiguitas, vacíaron las arcas de la entidad financiera.

Otros han intentado crear problemas y no han podido. Sólo Ortega, sólo los sandinistas han sido capaces de acabar con uno de los bancos más grandes de la historia del país sólo con una declaración pública.

Como dice el ex presidente Arnoldo Alemán “puede más un burro botar un establo a patadas” que reconstruirlo, el mismo burro o varios más como él.

Daños graves

De allí que este tipo de bolas pueden hacer mucho daño al país. Aunque el mismo domingo pasado, el Banco Central de Nicaragua se adelantó para desmentir el cuecho que agarró fuerza desde el sábado, seguramente que ayer mismo muchas personas pusieron sus ahorros “bala en boca y sin seguro”. Es decir, listos para transferirlos a Panamá, Miami o cualquiera de esos centros financieros en el Caribe.

Pero esta historia no termina aquí. Mientras se regaba la bola de la devaluación, una noticia real se le unió para sacudir más los nervios de la sociedad, especialmente de las personas que tienen mucho dinero en la banca privada.

Uno de los guardaespaldas del alcalde de Managua, Nicho Marenco, fue asaltado la noche del sábado cuando abordó uno de los taxis que no estaban en el paro. En Nicaragua hemos aprendido que no todo es del color que la vemos y cuando pasa algo similar, tenemos la tendencia, natural por cierto, de ver un “poco más allá”.

De inmediato la tragedia del joven guardaespaldas fue extrapolada al alcalde y el domingo por la mañana, la “noticia” era que había ocurrido un atentado contra el alcalde Marenco.

Ahora pongan ese “plato” en la mesa de miles de ciudadanos muchos de los cuales son destacados empresarios, líderes políticos y sociales, etcétera, y se darán cuenta que la preocupación casi llega gasta el cielo. No era para menos.

Podemos perder el país

Conclusiones. Primero, la paciencia de la sociedad con el gobierno sandinista ha llegado al límite. La prueba del bolerío del fin de semana confirma lo volátil que estamos, y cuando aquí ocurran hechos más duros (balaceras en las calles, presiones del gobierno a los líderes del país, para mencionar dos casos) la primera baja será la confianza.

Poco a poco perderemos la confianza en la seguridad financiera, comercial, fiscal y hasta personal en el país.

Luego, el caos y en este terreno el gobierno y el FSLN es más eficiente que todos nosotros. Si ellos siembran y conducen el caos como ocurre hoy en día preparémonos para más éxodo de ciudadanos buscando empleo en Centroamérica o el “sueño americano”.

Preparémonos para más congelamiento de las inversiones y la erosión de la comunicación y confianza en el país

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