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Año 9 No. 2078 Viernes 16 de Mayo del 2008



Gobernante para tiempos de guerra

Por Hamlett
trincheradelanoticia@yahoo.es

El economista Néstor Avendaño sostiene que el presidente Daniel Ortega “es un gobernante para tiempos de guerra” porque “no está preparado para gobernar en tiempos de paz”. Los hechos, en particular su comportamiento en la crisis del transporte, parecen darle la razón al analista.

Tiene sentido la afirmación del economista, pero no solo él piensa así, muchos creen que el mandatario está empeñado en hacer de Nicaragua un campo de batalla para poder sentirse cómodo, en su ambiente “natural” como... en los años 80, desafortunadamente.

Pero nos equivocaríamos de lado a lado si pensáramos que Daniel Ortega no es inteligente, astuto o que ya perdió el olfato del uso del poder. Otra cosa es que a Ortega no le guste gobernar, sinónimo de administrar, de enfrentarse y resolver problemas. Que el líder sandinista sea un mal gobernante no es nuevo, ya lo demostró en los años 80 cuando delegó esa “tediosa” tarea en sus ejecutivos más cercanos y en su vicepresidente Sergio Ramírez.

Ya estamos claros que lo de Daniel es el “papachín” internacional, las cumbres, los viajes, los discursos antiimperialistas, la asamblea general de Naciones Unidas o de la OEA, apoyar causas perdidas como la del socialismo del Siglo XXI o peligrosas como las jóvenes colombianas y mexicana sobrevivientes de las FARC, le encanta verse reconocido como un líder “mundial” y no sólo doméstico. Le gusta sentirse que lo toman en cuenta, que una figura inevitable aunque le vaya mal como en la reciente cumbre alimentaria.

Lo “mata” el ninguneo, no salir en la foto cuando Chávez está junto a Evo Morales y Correa, y el desdén de Washington, D.C. Subrayo esto último porque ahora se desvive porque lo vean junto a altos funcionarios de la administración de Estados Unidos o inversionistas como los del grupo Gran Pacífica.

No quiere gobernar

Lo nuevo es ahora que le ha dado por hacer dinero, en grande y a manos llenas.

Definitivamente al líder rojinegro no le interesa gobernar. Como en los 80, cree que su gente debe resolver los problemas, que él sólo está para decir la última palabra y para la foto. Su posición se ha vuelto más compleja ahora que a su esposa se le han despertado las ambiciones políticas y está transformando al tradicional FSLN en los CPC.

El problema no es tan simple. Alguien que se mete a manejar, personalmente, un negocio de $520 millones de dólares, como confesó la noche del miércoles, cuando presentó un raro y poco confiable informe sobre el destino de las ganancias petroleras, no es tonto ni anda perdido. El olor del verde es poderoso.

Un negocio político-comercial como el que tiene entre manos no lo tiene nadie en Nicaragua, aunque un par de holdings y bancos manejen más plata que el sandinista al año.

Una de las dos cosas

Una persona que quiera manejar $520 millones por año y presidir un país tiene dos caminos: o se dedica a su negocio o al gobierno, pero Ortega quiere las dos cosas. Dice el dicho que quien mucho abarca poco aprieta y ya estamos viendo que no está dando bola ni en uno ni en el otro campo.

Se necesita ser un súper ejecutivo para administrar con eficiencia $520 millones del fondo petrolero y $1,050 millones de dólares del presupuesto de la república.

Este es el primer presidente de la república que maneja dos presupuestos de tal calibre. Nadie antes manejó tanto. A ese ritmo, en cinco años de administración Ortega habrá tenido en sus manos más de $2,500 millones petrodólares y $5,250 millones del presupuesto.

El poder que da a un líder político semejante cantidad de dinero hace palidecer los $9.0 millones de dólares que el ex presidente Arnoldo Alemán reunió por más de tres años en la Fundación Democrática Nicaragüense y que ahora están congelados en Panamá. Alemán dio los nombres de las empresas chinas y la cantidad, ofreció las evidencias a todo mundo para que comprobaran la veracidad, jamás hubo un desmentido de los empresarios taiwaneses ni del gobierno de ese país y nunca nadie tomó la molestia de verificar los datos.

Sin embargo, Alemán ha sido juzgado y condenado por jueces de Panamá y Nicaragua, su partido ha sido desprestigiado y sus dirigentes atacados hasta más no poder.

Poder de compra

¿Cuánto dinero creen ustedes que está usando Daniel Ortega para fines políticos, comprar diputados, sobornar voluntades, comprar apoyos aún dentro de su propio partido? Si fuera el 50% de ese monto, o en el irrisorio supuesto de que fuese un 10%, concluiremos fácilmente que los sandinistas han usado en menos de un año $25 millones o $120 millones de dólares para afianzarse en el poder y que en cinco años tendrá un presupuesto de $250 millones a $1,200 millones de dólares para hacer lo que quiera.

Ya vemos entonces que Ortega no es tonto, aunque no sea capaz de manejar tal negocio. Él está preparando las condiciones para hacer de su partido una poderosa maquinaria financiera para quedarse en el poder por mucho tiempo. Su proyecto es familiar y no tiene espacio para nadie más, ni los Nichos ni los Evertz Cárcamo, ni para aquellos que sigan creyendo que el FSLN y la presidencia son del pueblo.

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