Inicio Portada Al Cierre Nacionales Cortas Sedita Room Primera Mano Gossip Galería
Año 9 No. 2078 Viernes 16 de Mayo del 2008



El Horacio que yo conocí

“He aquí diste a mis días término corto y mi edad es como nada delante de ti.
¿Y ahora señor que esperaré? Mi esperanza está en ti.
Salmo 39

Por Fidelina Suárez Moreno

No quiero pensar que está inerte, sin vida y en un ataúd, tal como vamos a estar irremediablemente todos algún día porque como dice la Biblia, “ciertamente como una sombra es el hombre”

Quiero hacer una retrospectiva y recordar a Horacio Ruiz, al hombre bajito de estatura, parco para hablar algunas veces, distraído otras, pero grande verdaderamente grande como periodista y como persona.

Cuando se trata de hombres tan destacados como Horacio, quizás a todos se nos vendrá a la mente su brillante vida profesional. Un autodidacta que igual podía hablar de la política de Estados Unidos, la guerra en Medio Oriente o de la ópera y el teatro.

Pero detrás estaba el Horacio persona, el Horacio con una gran corazón, sin maldades, sin esos resentimientos y esa altivez que cultivamos algunos.

Las pláticas con Don Horacio como le decíamos todos en la redacción de La Prensa, eran lecciones de vida.

Quienes compartimos con él y nos consideramos sus amigos, recibimos doble enseñanza: de periodismo y del diario trajinar.

Horacio siempre estuvo allí, tanto para discutir los vaivenes de la economía en la década de los 80, como para atender al periodista que la noche anterior había peleado con su esposa o tenía un hijo enfermo.

Aprendimos gratis de ese gran hombre y periodista. Observador por naturaleza, los títulos para las noticias le salían espontáneamente, con facilidad. El había nacido y vivió para eso.

Muchas veces pasamos la gran vergüenza de no haber hecho la pregunta correcta o no tener el dato que él consideraba necesario. Siempre tuvo la paciencia para enseñar que en periodismo, las interrogantes no sobran.

Célebre es la escena de Don Horacio, haciendo una bola de papel con la noticia que tiraba a la basura. Todos temíamos ese momento, pero de cuanto nos sirvió.

No le gustaba para nada la publicidad ni las fotos. Su extraordinaria vida la guardó celosamente y en el tintero, quedó la propuesta que una vez le hice cuando compartimos por última vez en el diario La Noticia.

Le dije entonces que sino había pensado en escribir un libro sobre sus vivencias periodísticas o que alguien lo hiciera. No me contestó, se sonrió únicamente y debe haber pensado que me estaba fallando un tornillo.

La propuesta quedó en el aire y hoy apenas puede escribir este sencillo homenaje, con cariño de verdad para la persona que me enseñó las “primeras letras en periodismo”, que me decía que el verdadero periodista, espera el segundo portazo sino lo quieren atender.

Me imagino que en el cielo, tendrá muchas crónicas que escribir con todos los detalles, hasta el color de las alas de los ángeles o los dibujos que se forman en las nubes.

Irá con parsimonia, con esa paciencia que siempre lo caracterizó. No esperará un segundo portazo, porque seguramente San Pedro lo estaba esperando. Las últimas ocho columnas son: Horacio llegó al cielo.

Comente Esta noticia
Nombre:
Correo Electronico:
Teléfono:
Comentario:
Destinatario:
 

Inicio : Información de Contacto
CopyRight® Trinchera de la Noticia, Managua. Tel. (505) 2400114, info@trinchera.com.ni