Nadie se ha dormido en sus laureles y mientras unos comerciantes han colocado en los postes medio quemados la dirección del nuevo sitio donde atienden, otros se preparan para instalar toldos en el parque de Ciudad Jardín y hacer un “mini oriental”.
Increíble, pero aún después de semejante desgracia nadie sale con las manos vacías del más grande centro de compras de Nicaragua porque algunos visitantes aprovechan algunas ofertas y un ejército de chatarreros sale con pedazos de zinc y perlines.
*La Amy y Ricardo les atienden” y aquí viene la dirección. Es la forma como algunos comerciantes piensan reencontrarse con su clientela y es así como la mayoría está atendiendo en las cercanías del Banpro de Ciudad Jardín y los alrededores de la Casa de los Encajes.
La actividad de los chatarreros es incesante, como también lo es el ruido de la maquinara de acetileno o las hachas que blanden algunos para terminar de derribar los escombros.
Nadie descansa, porque en medio del lodazal todos encuentran algo que hacer. El chatarrero busca piezas grandes para sacarlas, los más pequeños buscan entre las montañas de lodo y basura algo que pueda servir y los comerciantes aprovechan con su celular en la mano para comunicarse con sus compañeros.
Así encontramos a Martha Lorena Calderón de García, propietaria de Variedades “Rossy 1 y 2”, quien con una camisa manga larga de azulón, sus jeans, su bolso, tenis y gorra y ayudada de un joven levantaba una lista de comerciantes.
El celular se ha convertido en parte de sus herramientas de trabajo y así contactan a otros para hablar de sus planes y como levantar sus negocios.
También le sirve a los más jóvenes que acompañan a sus padres para usar la calculadora y hacer la cuenta de cuanto recibirán por determinada cantidad de chatarra que han vendido.
Martha Lorena, está junto a lo que fue su tramo que todavía conserva unos cuantos pilares en pie. “No nos vamos a sentar a llorar sino que ya hablé con el vice alcalde y quedamos en enviarle una lista para instalarnos en el parque de Ciudad Jardín”, reveló la comerciante.
Indicó que serán por lo menos 200 comerciantes los que podrán acudir al parque sin hacer ninguna edificación sino con toldos y para ello levantaban una lista.
“En Findesa valoramos tu futuro”, se escucha el mensaje que hace sonar un jovencito que recorre la zona dañada con un altavoz mientras cuadernos y agendas en mano, los promotores de varias financieras buscan a sus antiguos clientes.
Varios se cuelgan de una estructura retorcida con la esperanza de hacerle ceder pero nada, pareciera como que aquellos viejos tramos, sinónimo de prosperidad y dinero a montones, se niegan a caer.
¿Y que van a hacer los comerciantes que se quedaron sin mercadería? Le preguntamos a Doña Martha Lorena. “Otro le vende para que ponga su puestecito, nadie se va a quedar sin ofrecer algo”, contestó.
Ella confía en que la misma solidaridad de la gente que conoce la tragedia, hará que la venta en el parque de Ciudad Jardín sea todo un éxito.
Para ello, enviarán hoy al vice alcalde, Felipe Neri Leiva Orochena, una lista con los participantes para organizar la logística y el tiempo que podrían permanecer en ese lugar.
Se supone no será mucho porque la actividad es febril en toda la zona afectada y los que sufrieron menos daños, pintan, barren y tratan de que el Oriental recobre su antiguo brillo.
Una mujer ofrece tazas medio quemadas que guarda en una bolsa y un ciudadano observa la zona quemada con una Biblia bajo el brazo, en un sitio donde tampoco ha faltado la creencia de que hay manifestaciones de Dios por la aparición de una imagen de Jesucristo en un tramo.
Las brigadas de salud también recorren el mercado para fumigar y prevenir cualquier brote de dengue porque hay charcas de agua con lodo en todas partes y la mayoría trabaja con pedazos de hierro y perlines que algunas veces tienen puntas afiladas.
Toda la zona siniestrada en el Oriental parece ser una inmensa mole de hierros retorcidos en la que hasta la temeridad reina porque algunos se suben a segundas plantas sin contar con la más mínima seguridad de que la estructura no cederá.
Una nota curiosa es que los infaltables carretones que casi siempre se pasan llevando a los compradores, han sido sustituidos por los chatarreros que van anunciando su paso para no golpear a nadie.
Es una preciada carga y mientras en los escombros las calculadoras siguen haciendo las cuentas, en las afueras las calles están medio vacías, sin vehículos. Todo mundo pueda caminar sin ninguna sofocación.
Es el día 8 desde el incendio. Todos confían en que dentro de 15 días, volverá el bullicio para anunciar que el Oriental es el mismo y que sigue vigente el slogan que allí usted puede comprar hasta un chavalo.