Para entender la trama de la peligrosa campaña contra la dirigencia de la empresa privada y organismos democráticos de la sociedad civil, entre otros objetivos, impulsada, según lo que se dice en los círculos políticos, por la coordinación del MRS a cargo de Edmundo Jarquín, voy a auxiliarme de un reciente artículo del novelista y semiólogo italiano Humberto Eco.
Eco –El Nombre de la Rosa, 1980- rebatió un libro del psicoanalista y profesor de Literatura de la Universidad de París VIII, Pierre Bayard en que éste afirma que “la gente frecuentemente es influida profundamente por libros que nunca ha leído pero de los cuales tiene una idea del contenido porque lo ha visto mencionado en una variedad de fuentes”.
El famoso semiólogo se une a la afirmación de Bayard de que incluso cuando las personas han leído algo “no recordamos lo que decían, sino lo que nosotros les hicimos decir al leerlos”.
Con estas ideas trato de pensar cuál fue el origen de los insumos, quién le dio la información, el estilo y además, para quién fue escrito el último artículo del escritor peruano Mario Vargas Llosa –Para la historia de la infamia- en que se ocupa de Zoilamérica Narváez, un caso que sigue sus rumbos, el de la historia y el de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH.
Campaña descalificadora
Desde que el MRS fue despojado de su personería jurídica por el Consejo Supremo Electoral, los disidentes rojinegros han tomado dos caminos: el de la protesta cívica impulsada por Dora María Téllez, que intenta disputar las calles a Daniel Ortega para forzarlo a devolver los sellos incautados, y el del derrocamiento del gobierno sandinista mediante la violencia.
Para llegar a ese fin, esta segunda corriente ha declarado que la Nicaragua del 2008 es igual a la de 1979: Que vivimos bajo una férrea dictadura, que las libertades civiles están en peligro y que el pueblo está dispuesto a levantarse en una insurrección si alguien se pone al frente. No hay otro camino que el de la guerra.
Como parte de ese plan, esta corriente del MRS, encabezada por Mundo Jarquín, está descalificando dentro y fuera del país a los legítimos y reales interlocutores de los sectores políticos, empresariales y sociales, a través de una campaña funesta que puede verse con claridad en el artículo de Vargas Llosa.
La recurrencia a la violencia, la negación de los cauces cívicos, incluyendo las elecciones –“No hay por quién votar”- persigue otro fin: destruir a los interlocutores ante un cada día inminente diálogo nacional para dejar a uno solo.
El plan de Jarquín
Hablo de Mundo Jarquín, un personaje oportunista que ha cambiado de camiseta según sus circunstancias. Conservador en sus años de juventud, se volvió anti somocista cuando conoció a Pedro Joaquín Chamorro, de cuya mano, escaló a otros niveles como UDEL y la UNO.
En 1979 saltó al sandinismo y para justificarse, porque siempre anda buscando un manto con que cubrirse, inventó la teoría de que Pedro J. Chamorro estuvo a punto de unirse al FSLN en una oscuras reuniones que habrían ocurrido en México, o al menos habría sido el número 13 de los 12. ¿Adivinen quién supuestamente lo había convencido de que se uniera al sandinismo? ¡Por supuesto que él, Mundo!
¿Qué es Mundo Jarquín políticamente hablando? ¿Quién es este personaje? En los años 80 estuvo a cargo del Fondo de Reconstrucción Nacional y nadie hasta hoy sabe qué hizo por Nicaragua. Luego fue un diplomático privilegiado, embajador en España y México, gracias al peso político de la familia de su suegra.
Fuera del sandinismo
En los 90 apoyó a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro y luego comenzó a urdir con Sergio Ramírez la forma de quitarle el FSLN a los hermanos Ortega, a quienes acusa de haberlo convertido en una discreta sombra en la revolución sandinista, como tampoco perdona a Antonio Lacayo haber sido el príncipe de la era de doña Violeta, ni a Dora María Téllez que sea la heroína del MRS.
En los 90 fue diputado del FSLN en la Asamblea Nacional hasta a que mediados de esa década la presidenta Barrios de Chamorro le consiguió un súper puesto internacional en el BID.
Reapareció como fórmula de Lewites en las elecciones de 2006, quien le dejó un techo electoral del 25%, suficiente para disputar el segundo lugar en esos comicios. Escogió a Carlos Mejía, quien le dio un empujón adicional, pero no pudo. Terminó en cuarto lugar con 6.29%
Todo lo echó a perder
Y ahora ¿qué busca Jarquín? Actualmente está empeñado en desprestigiar y descalificar a los partidos políticos, a los líderes de las cámaras empresariales y de los organismos de la sociedad civil.
¿Para qué? Para presentarse ante Daniel Ortega como su único interlocutor válido. Para sustituir a las instituciones opositoras o críticas al orteguismo y pactar con él.
¿Pactar para qué y para quién? Para quién ha sido el único objetivo de su vida: él mismo.