Escrito por Víctor Ayala G.
Jueves 2 de septiembre de 1999
Los jóvenes internautas que invadieron al tribunal
de Los Ángeles en EEUUU portando pancartas pidiendo
la "libertad a Kevin (Mitnick)", el primer hacker
Y EL más famoso del mundo, condenado a solo cuatro
años de prisión (por falta de leyes) y dos
años privado de tocar computadora; no se dan cuenta
del gran error en que caen al apoyar a individuos autores
de crímenes de “lesa humanidad", y que
causó pérdidas millonarias a grandes empresas
como Motorola, Novell, Nokia y Sun Microsystem.
Digo con lo anterior, que es erróneo apoyar a quienes
por el simple impulso de demostrar sus "habilidades" informáticas
al mundo, no hacen más que causar daños con
sus virus o penetrando a los sistemas, sea de grandes empresas
o la de un simple usuario de computadora que quién
sabe cuánto le costó conseguírsela.
Desde que apareció el primer virus, hace ya más
de 30 años, la manera de transmitirse sigue siendo
igual: transferencia de datos con disquetes o redes y ahora
con Internet. ¿De qué otra manera?
Con Internet ha sido peor el asunto. Cuando usuarios
inocentes abren su Correo Electrónico (e-Mail) y creyendo
obtener información importante de algún fabricante,
Microsoft digamos por ejemplo, se disponen a descomprimir
el archivo que llegó a su computadora como Attachment
y automáticamente quedó guardado en su disco
duro, no sabiendo que en ese archivo se guarda un peligroso
virus, como el "Melissa" antes y como el "ExploreZip
Worm" ahora.
Según las últimas informaciones obtenidas,
el virus "ExploreZip Worm" afecta a programas de
Microsoft como el Worm, Excel y Power Point.
Estos infalibles "inteligentes" de las computadoras
que desarrollan virus, ignoran que lo que están haciendo
es, además de causar daños, aumentando el bolsillo
de los fabricantes de software antivirus.
Veamos: El "ExploreZip Worm" que dicho sea de paso
no afecta a usuarios MacOS de Apple, se detectó un
día cualquiera en Israel, en el Oriente, dos días
después en EU Symantec lo estaba analizando para sacar
una vacuna que lo contrarreste a precios no menos loables.
Esto a veces nos induce a pensar que son estos mismos fabricantes
lo que propician el caos, pero que por ética pienso
que no.
Solo en algunos países del mundo como EEUU y México
para mencionar algunos, hay leyes que facilitan a los organismos
judiciales a dar persecución a estos nuevos delincuentes
llamados "Hackers". En Nicaragua... ni pensarlo.
No obstante, Leyes como la de Derechos de Autor,
es un buen primer paso que sirve como marco para combatir
la piratería y a estos info-delincuentes. No solo
hablo de combatir a los que hacen un virus (aquí no
creo que alguien haya inventado algún virus), sino
también a los que permiten conscientemente su transmisión
a través de la piratería y a los futuros hackers,
que según en la juventud, es el máximo anhelo
que tienen a raíz que conocen la primera computadora.
Hoy quisiera pensar que este comentario no será tan
realista en el futuro como tan dramático es ahora.
Nota
Desde hace más de 10 años vengo hablando de
la importancia de contar con leyes y sistemas de seguridad
de las redes. Pero se ha hecho caso omiso para que ahora
se estén lamentando.
Desde hace más de tres años, cuando su aparición,
vengo escribiendo sobre este grupo de hacker en el país.
Mis consejos han sido los de siempre: Mientras en el país
no existan las leyes, el mejor antídoto es la protección,
la contratación de personal altamente cualificado
y con ética profesional. Éste último
tema muchas veces lo olvidamos.
Los hacker de ahora, son menos dañinos que los hacker
del futuro, donde ejércitos de muchos países
del mundo se preparan con unidades especializadas para librar
la futura de las batallas, la guerra de las guerras que se
traslada ahora al ciberespacio.
Mi consejo a Claro: no busquen chivos expiatorios,
busquen como normar sus sistemas de seguridad y no sufrirán
en el futuro más graves consecuencias ante el inconformismo
de sus usuarios. La tecnología cada día es
más accesible a todos y los conocimientos más
profundos e incisivos.
Víctor Ayala G.
8 de marzo de 2010.