Por Dr. Armando Mena Cuadra
El sandinismo, o mejor dicho el orteguismo
y sus secuaces judiciales, ya casi están
llegando a tener poderes celestiales, pues si
Nuestro Señor Jesucristo revive a los
muertos, como éstos resucitan juicios
ya fenecidos por el peso de la cosa juzgada.
En efecto como la mayoría de los ciudadanos
sabemos, la cosa juzgada es el efecto de todas
las resoluciones judiciales (providencias, autos,
y sentencias) inherentes a su firmeza o inmpugnabilidad,
según enseña el diccionario jurídico
Espasa.
Cuando contra una resolución no se concede
por ley recurso alguno, o concediéndose,
no se interpone dentro del plazo establecido
se dice que esa resolución “pasa
en autoridad de cosa juzgada”, o lo que
es igual que es firme o inimpugnable.
Hago estas aclaraciones para aquellos
lectores que no son entendidos en derecho se
den cuenta de la trascendencia que en el campo
jurídico tiene el instituto de la cosa
juzgada.
Es más en los casos que ahora pretenden
revivir contra el Dr. Arnoldo Alemán
y otros, no solo hay cosa juzgada sino que también
entra en juego el instituto de la prescripción,
que no es otra cosa que en Derecho Penal causa
de extinción de responsabilidad criminal
basada en el transcurso del tiempo, y es más
hay prescripción del delito y de la pena.
En la prescripción del delito el plazo
del tiempo señalado por la Ley para la
extinción de la responsabilidad se cuenta
desde la fecha de comisión del delito
y su duración puede variar en función
de la gravedad del delito y de la pena a imponerse.
En nuestro Código Penal se encuentra
regulada la prescripción en los artos.
115 y siguientes y desde luego ha habido sentencia
que goza de la santidad de la cosa en cualquiera
de los supuestos casos que ahora se pretenden
revivir, y es más aún en el supuesto
caso que hubiesen existido delitos a juzgar,
precisamente por la aplicación al caso
controvertido ya no tendría existencia
legal.
La verdad sea dicha es que causa pena
y estupor ver a que grado de dependencia a llegado
nuestra “justicia”, la que no es
un fin en sí misma, sino un instrumento
para castigar a quien no está con los
que mandan.
Todos sabemos que lo que subyace en
este penoso asunto es tratar de dividir y doblegar
por otro lado, en el primer caso a los partidos
liberales para que no lleguen a su unión
y en el segundo a coaccionar psicológicamente
al Dr. Alemán para que acepte el diktat
del sandinismo en la reelección de los
Magistrados electorales.
Pero me parece que esta vez los fsln-orteguistas,
se dan con la piedra en los dientes pues no
van a someter a sus fines a un Dr. Alemán,
que está dispuesto incluso a pasar por
la cárcel antes aceptar el terrorismo
psicológico que es el arma predilecta
de los dictadores.
Que no crean los sandinistas que van
a salirse con la suya, esta vez no será así,
Arnoldo tiene a sus espaldas un partido fuerte
y unido que lo respalda y se solidariza con
sus convicciones y que está dispuesto
de todas formas a cumplir con sus compromisos
firmados con los otros partidos liberales.
Lo malo de esto, es que cada día las
posiciones se polarizan más y más
y más, y que el sectarismo y la intolerancia
campan a sus anchas haciendo mucho daño
a las libertades ciudadanas y el desarrollo
de la democracia.
Y la única forma de vencer esos obstáculos
en la lucha por la democratización de
las instituciones, es la unión, la coherencia
en los planteamientos, la coordinación
en las actividades parlamentarias de los adversarios
al sandinismo que pretende socavar la institucionalidad
que hemos venido disfrutando por los últimos
quince años.
Las vías de hecho del que son el arma
favorita de los sandinistas para imponer sus
decisiones ya están llegando a su límite
y esto es verdaderamente peligroso para todos
los nicaragüenses, ya que debido a la presión
la caldera estalla en momento dado y entonces
ya no hay retroceso.
Todo esto que es el pan nuestro de
cada día debe recomponerse, pero no en
beneficio de los que ahora nos desgobiernan,
sino en beneficio de toda la población
y muy especialmente para los más desafortunados
que cada día son más.
(*) Abogado nicaragüense residente en
España.